Discurso a las autoridades
y cuerpo diplomático
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| El Papa junto al Presidente de Macedonia del Norte © Vatican Media |
El
Papa se ha referido a Macedonia del Norte, país natal de la Madre Teresa de
Calcuta, como “un mosaico en el que cada tesela es necesaria para la
originalidad y la belleza de todo el conjunto” y ha sugerido que esta “belleza
que alcanzará su mayor esplendor en la medida en que logréis trasmitirla y
sembrarla en el corazón de las nuevas generaciones”, ha dicho a las autoridades
políticas del país.
El
Papa Francisco, primer pontífice que visita Macedonia del Norte, se ha
encontrado con las Autoridades, los representantes de la Sociedad Civil, y los
miembros del Cuerpo Diplomático en el Palacio Presidencial de Skopje, esta
mañana, martes, 7 de mayo de 2019, tras la reunión en privado con el Presidente
de Macedonia del Norte, Gjorge Ivanov, y el saludo al Primer
Ministro, Zoran Zaev.
Como
el jefe del Estado Vaticano acostumbra hacer en sus viajes apostólicos,
Francisco ha dirigido un discurso a las autoridades políticas y civiles en uno
de los salones del Palacio Presidencial.
En
este 25 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas con la
Santa Sede, que se efectuaron pocos años después de la independencia obtenida
en septiembre de 1991, el Pontífice ha asegurado que la Santa Sede, desde ese
momento, “ha acompañado de cerca los pasos que el país ha dado para avanzar en
el diálogo y la comprensión entre las Autoridades civiles y las confesiones
religiosas”.
Mosaico de diversidad
“Aquí,
de hecho, tanto la pertenencia a diferentes confesiones religiosas”, como
son ortodoxos, musulmanes, católicos, hebreos y protestantes, y la
“diversidad étnica” entre macedonios, albaneses, serbios, croatas y personas de
otras procedencias, “ha dado lugar a un mosaico en el que cada tesela es
necesaria para la originalidad y la belleza de todo el conjunto”, ha descrito
el Santo Padre. “Belleza que alcanzará su mayor esplendor en la medida en que
logréis trasmitirla y sembrarla en el corazón de las nuevas generaciones”.
Además,
el Santo Padre ha valorado el “generoso esfuerzo” realizado por la República en
“acoger y socorrer a un gran número de migrantes y refugiados provenientes de
diferentes países de Oriente Medio”.
Del
mismo modo, Francisco ha destacado la figura de la santa albanesa, la Madre
Teresa de Calcuta, nacida en un suburbio de Skopie en 1910 con el nombre Anjezë
Gonxha Bojaxhiu y que “desarrolló su apostolado en India, con humildad y total
donación de sí misma, y por medio de sus hermanas alcanzó los más diversos
confines geográficos y existenciales”, ha recordado.
“Con
razón, estáis orgullosos de esta gran mujer”, ha reconocido, y les ha exhortado
a “continuar trabajando con determinación, dedicación y esperanza para que
los hijos e hijas de esta tierra, siguiendo su ejemplo, puedan descubrir,
alcanzar y madurar la vocación que Dios ha soñado para ellos”.
***
Discurso del Papa
Francisco
Señor
Presidente,
Señor
Primer Ministro,
Ilustres
miembros del Cuerpo Diplomático,
Distinguidas
Autoridades,
Queridos
hermanos y hermanas:
Agradezco
cordialmente al señor Presidente sus cordiales palabras de bienvenida y la
amable invitación que, junto al señor Primer Ministro, me ha dirigido para
visitar Macedonia del Norte.
Doy
las gracias asimismo a los representantes de las distintas Comunidades
religiosas que están aquí presentes. Saludo de corazón a la comunidad católica
representada por el Obispo de Skopie y Eparca de la eparquía de la Asunción de
la Bienaventurada Virgen María en Strumica-Skopie, que es parte activa e
integrante de vuestra sociedad y participa plenamente de las alegrías, las
preocupaciones y de la vida cotidiana de vuestro pueblo.
Es
la primera vez que el Sucesor del Apóstol Pedro viene a la República de
Macedonia del Norte, y me alegro de hacerlo en el 25 aniversario del
establecimiento de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, que se
efectuaron pocos años después de la independencia obtenida en septiembre de
1991.
Vuestra
tierra, puente entre oriente y occidente y punto de confluencia de numerosas
corrientes culturales, aglutina muchas características peculiares de esta
región. Con los testimonios elegantes de su pasado bizantino y otomano, con las
audaces fortalezas entre los montes y los espléndidos iconostasios de vuestras
antiguas iglesias, que revelan una presencia cristiana desde tiempos
apostólicos, manifiesta la densidad y la riqueza de la milenaria cultura que la
habita. Pero permitirme decir que esta riqueza cultural es sólo el espejo de
vuestro más precioso y válido patrimonio: la composición multiétnica y
multirreligiosa del rostro de vuestro pueblo, fruto de una historia rica y, por
qué no, también compleja de relaciones entretejidas en el curso de los siglos.
Este
conjunto de culturas y de pertenencias étnicas y religiosas dio lugar a una
pacífica y duradera convivencia, en la que las distintas identidades han sabido
y podido expresarse y desarrollarse sin negar, oprimir o discriminar a las
otras. Estas han dado forma a un tejido de relaciones y de situaciones que,
bajo este punto de vista, pueden serviros como ejemplo de referencia para una
convivencia serena y fraterna, en la singularidad y el respeto recíproco.
Al
mismo tiempo, estas características particulares tienen una significación
relevante para el camino de una mayor integración con los países europeos.
Deseo que tal integración se desarrolle positivamente en toda la región de los
Balcanes occidentales, como también que se logre respetando siempre la
diversidad y los derechos fundamentales.
Aquí,
de hecho, tanto la pertenencia a diferentes confesiones religiosas, como son
ortodoxos, musulmanes, católicos, hebreos y protestantes, y la diversidad
étnica entre macedonios, albaneses, serbios, croatas y personas de otras
procedencias, ha dado lugar a un mosaico en el que cada tesela es necesaria
para la originalidad y la belleza de todo el conjunto. Belleza que alcanzará su
mayor esplendor en la medida en que logréis trasmitirla y sembrarla en el
corazón de las nuevas generaciones.
Todos
los esfuerzos que se realicen, para que las distintas expresiones religiosas y
las diferentes etnias encuentren un terreno de encuentro común en el respeto de
la dignidad de cada persona humana y en la correspondiente garantía de las
libertades fundamentales, nunca serán en vano; por el contrario, serán siembra
necesaria para un futuro de paz y fecundidad.
Quisiera
señalar, además, el generoso esfuerzo realizado por vuestra República —por
parte de las Autoridades estatales y con la valiosa contribución de varias
organizaciones internacionales, Cruz Roja, Cáritas y algunas ONG— en acoger y
socorrer a un gran número de migrantes y refugiados provenientes de diferentes
países de Oriente Medio. Ellos huían de la guerra o de condiciones de extrema
pobreza, a menudo a causa de graves episodios bélicos, y en los años 2015 y
2016 atravesaron vuestras fronteras, en su mayor parte para dirigirse hacia el
norte y oeste europeo, encontrando en vosotros un refugio valioso. La inmediata
solidaridad ofrecida a los que se encontraban entonces en una grave necesidad,
por haber perdido muchos seres queridos además de la casa, el trabajo y la
patria, os honra y habla del alma de este pueblo que, habiendo conocido también
las privaciones, reconoce la vía del verdadero desarrollo en la solidaridad y
en el compartir los bienes. Ojalá que se aproveche esta cadena de solidaridad
que caracterizó aquella emergencia, para mejorar cada obra de voluntariado que
se pone al servicio de tantas formas de sufrimiento y necesidad.
Deseo
también homenajear de forma especial a una ilustre conciudadana vuestra que,
movida por el amor de Dios, ha hecho de la caridad hacia el prójimo la ley
suprema de su existencia, suscitando admiración en todo el mundo e inaugurando
un específico y radical modo de ponerse al servicio de los que están
abandonados, de los descartados, de los más pobres. Me refiero evidentemente a
la que en todo el mundo es conocida como Madre Teresa de Calcuta. Ella nació en
un suburbio de Skopie en 1910 con el nombre Anjezë Gonxha Bojaxhiu y desarrolló
su apostolado en India, con humildad y total donación de sí misma, y por medio
de sus hermanas alcanzó los más diversos confines geográficos y existenciales.
Estoy feliz de acercarme dentro de poco a rezar en el Memorial que le habéis
dedicado, construido en el lugar donde antes se encontraba la iglesia del
Sagrado Corazón de Jesús, en la que fue bautizada.
Con
razón, estáis orgullosos de esta gran mujer. Os exhorto a continuar trabajando
con determinación, dedicación y esperanza para que los hijos e hijas de esta
tierra, siguiendo su ejemplo, puedan descubrir, alcanzar y madurar la vocación
que Dios ha soñado para ellos.
Señor
Presidente:
La
Santa Sede, después de que Macedonia del Norte obtuviera la independencia, ha
acompañado de cerca los pasos que el país ha dado para avanzar en el diálogo y
la comprensión entre las Autoridades civiles y las confesiones religiosas.
Hoy
la Providencia me ofrece la posibilidad de manifestar personalmente mi cercanía
y de expresar también mi gratitud por la visita que cada año vuestra delegación
oficial realiza con ocasión de la fiesta de los santos Cirilo y Metodio. Os
animo a seguir con confianza en el camino emprendido para hacer de vuestro país
un faro de paz, de acogida y de integración fecunda entre culturas, religiones
y pueblos. A partir de sus respectivas identidades y del dinamismo de su vida
cultural y civil, podrán construir un destino común, abriéndose a las riquezas
que cada una de ellas lleva consigo.
Que
Dios proteja y bendiga a Macedonia del Norte, la conserve en la concordia y le
conceda prosperidad y alegría.
Rosa Die Alcolea
©
Librería Editorial Vaticano
Fuente:
Zenit






