En
Skopje
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| Encuentro Ecuménico e Interreligioso con los jóvenes, 7 mayo 2019 © Vatican Media |
El
Papa Francisco ha pedido a los jóvenes de Skopje que no dejen de soñar, “nunca
se sueña demasiado” y les ha recordado que “Los sueños se construye juntos”,
con los demás, en comunidad.
En
la tarde de hoy, 7 de mayo de 2019, el Santo Padre se ha trasladado en coche al
Centro Pastoral en Skopje para tener el Encuentro Ecuménico con los jóvenes.
Mayoría
ortodoxa
Macedonia
del Norte es un país mayoritariamente ortodoxo, un 65% de la población pertenece
a la Iglesia Ortodoxa, mientras que un 33% son musulmanes. Los católicos
representan el 1% y el otro 1% restante corresponde a otras religiones.
Durante
el encuentro, en el que ha habido varios momentos de canto, se han sucedido los
testimonios de jóvenes macedonios, como muestra de la diversidad religiosa de
este país. El Papa ha escuchado atentamente sus mensajes y ha respondido a sus
preguntas.
Primero
han hablado Dragan y Marija, un matrimonio mixto, en el que él es católico y
ella ortodoxa. En segundo lugar, se ha presentado Liridona, una joven
musulmana. Por último, ha tenido lugar el testimonio de Bozanka, una joven
católica del rito bizantino.
Antes
de comenzar discurso del Papa Francisco, las chicas del Centro Pastoral de
Spokje le han dedicado una danza.
¿Sueño demasiado?
Al
tomar la palabra, para comenzar, el Papa ha contestado a la pregunta de
Liridona (“¿Sueño demasiado?”), que dijo soñar con un mundo en el que sean
posibles las relaciones sinceras y abiertas entre individuos y comunidades, entre
pueblos y credos distintos.
Para
el Papa, nunca se sueña demasiado y uno de los principales problemas de los
jóvenes hoy en día es que han dejado de soñar. “Y cuando una persona no sueña,
cuando un joven no sueña, ese espacio es ocupado por el lamento y la
resignación”, dice el Papa. Y añade que esto lo dejemos para los que siguen a
la “diosa lamentación”, lo cual es un engaño que conduce por el camino
equivocado.
El
Santo Padre ha animado a no darse por vencidos “Cuando todo parece paralizado y
estancado, cuando los problemas personales nos inquietan, los malestares
sociales no encuentran las debidas respuestas”.
También
ha dicho que comparte el sueño de Liridona, por eso hace unos meses firmó junto
al Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayye un documento que indica que “la fe nos
tiene que mover a los creyentes a ver en los otros a un hermano que debemos
sostener y amar, y no dejarnos manipular por intereses mezquinos”
Vivir aventuras
El
Papa se ha referido al testimonio de Bozanka, que ha señalado que a los jóvenes
les gusta vivir aventuras. Así, Francisco ha exhortado “¿Qué aventura requiere
más valor que ese sueño que nos compartió Liridona: el de darle esperanza a
un mundo cansado?”
El
mundo está cansado y dividido y “la mayor adrenalina” es la de dedicarse cada
día a ser “artesanos de sueños”, de esperanza: “Los sueños nos ayudan a
mantener viva la certeza de saber que otro mundo es posible y que estamos
invitados a involucrarnos y formar parte de él con nuestro trabajo, con nuestro
compromiso y acción”.
El
Pontífice ha señalado que solo se debe tener miedo a “vivir paralizados”, no
hay que permanecer inmóviles ante la inseguridad o ante los errores. Como dice
la Exhortación apostólica Christus vivit, “Aun si te equivocas siempre podrás
levantar la cabeza y volver a empezar, porque nadie tiene derecho a robarte la
esperanza”.
Madre Teresa
El
Santo Padre se ha referido al ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta y a que,
como ella, cada uno “está llamado a trabajar con sus propias manos, a tomar la
vida en serio, para hacer algo hermoso con ella. No permitamos que nos roben
los sueños”, dijo.
Soñar juntos
Por
otra parte, el Papa ha destacado: ¡Qué importante es soñar juntos! Como hacéis
hoy aquí, todos unidos, sin barreras. Por favor, soñad juntos, no solos; con
los demás, nunca contra los demás. Solos se corre el riesgo de tener
espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos.
Además,
Francisco ha pedido que nunca luchemos contra los otros, siempre con los demás.
Haciendo un inciso, Francisco ha contado que dos pequeños, al principio de la
celebración, empezaron a jugar juntos. Estaban felices, pero, de repente, se
les olvidó, y el juego se convirtió en una lucha entre uno y otro, esto es lo
que no puede suceder en nuestra vida.
El cara a cara
Después,
el Obispo de Roma ha compartido con los jóvenes su mejor lección “el cara a
cara” y les ha pedido involucrarse. Según él, “Hemos entrado en la era de las
conexiones, pero poco sabemos de comunicaciones. Muy conectados y poco
involucrados los unos con los otros. Porque involucrarse pide la vida, exige
estar y compartir momentos buenos… y no tan buenos”.
Los ancianos
Finalmente,
el Papa Francisco ha pedido a los jóvenes que dediquen tiempo a los ancianos,
“escuchad sus largas narraciones, que a veces parecen fantasiosas, pero que, en
realidad, están llenas de experiencias valiosas, de símbolos elocuentes y
sabiduría oculta que hay que descubrir y valorar”.
Asimismo,
el Sucesor de Pedro ha vuelto a improvisar en este punto, señalando que,
efectivamente, los ancianos son las raíces de la historia, del pueblo, de la
familia y que los jóvenes deben sujetarse a ellas para salir adelante. Si no se
tienen en cuenta esas raíces, si se cortan, la juventud seguirá viviendo, pero
no dará fruto.
Para
no ser engañados por los “colonizadores ideológicos”, es necesario hablar con
los mayores de nuestro pueblo porque ellos saben qué es lo bueno.
Al
final de sus palabras, Francisco también ha hablado sobre una mujer embarazada
que estaba sentada entre los asistentes y que ha llamado su atención. El Santo
Padre ha subrayado como las madres se sienten con la fuerza de las raíces para
sacar adelante la vida, la historia, el pueblo a través de sus hijos y ha
pedido un aplauso para todas esas mujeres que llevan adelante la historia de
este pueblo.
A
continuación se expone el discurso completo del Papa Francisco
Queridos
amigos:
Siempre
es un motivo de alegría y esperanza poder tener estos encuentros. Gracias por
haberlo hecho posible y haberme regalado esta oportunidad. Gracias de corazón
por vuestra danza y vuestras preguntas. Las recibí y las conocía, y preparé
algunos puntos para este encuentro.
Comienzo
por la última —como dijo el Señor, los últimos serán los primeros—. Liridona,
después de compartirnos lo que anhelabas me preguntabas: «¿Sueño demasiado?».
Una muy linda pregunta que me gustaría que respondiéramos juntos. Para
vosotros, ¿Liridona sueña mucho?
Quisiera
deciros: nunca se sueña demasiado. Uno de los principales problemas de la
actualidad y de tantos jóvenes es que han perdido la capacidad de soñar. Ni
mucho ni poco, no sueñan; y cuando una persona no sueña, cuando un joven no
sueña, ese espacio es ocupado por el lamento y la resignación. «Esto lo dejamos
para aquellos que siguen a la “diosa lamentación” […]. Es un engaño: te hace
tomar la senda equivocada. Cuando todo parece paralizado y estancado, cuando
los problemas personales nos inquietan, los malestares sociales no encuentran
las debidas respuestas, no es bueno darse por vencido» (Exhort. apost. postsin. Christus
vivit, 141). Por eso, querida Liridona, queridos amigos, nunca, pero nunca, se
sueña mucho. Tratad de pensar en vuestros sueños más grandes, como el de
Liridona —¿lo recordáis?—: dar esperanza a un mundo cansado, junto con los
demás, cristianos y musulmanes. Sin lugar a dudas un sueño muy hermoso. Ella no
pensó en cosas pequeñas, “rastreras” sino que soñó en grande.
Hace
unos meses, con un amigo, el Gran Imán de Al-Azhar Ahmad Al-Tayyeb, también
tuvimos un sueño muy parecido al tuyo que nos llevó a querer comprometernos y
firmar juntos un documento que dice que la fe nos tiene que mover a los
creyentes a ver en los otros a un hermano que debemos sostener y amar, y no
dejarnos manipular por intereses mezquinos. No hay edad para soñar… Soñad, y
soñad a lo grande.
Y
eso me hace pensar en lo que nos decía Bozanka: que a vosotros los jóvenes os
gustan las aventuras. Y me alegra que así sea, porque es la manera más hermosa
de ser joven: vivir una aventura, una buena aventura. El joven no tiene miedo a
hacer de su vida una buena aventura. Y os pregunto: ¿Qué aventura requiere más
valor que ese sueño que nos compartió Liridona: e el de darle esperanza a un
mundo cansado? El mundo está cansado, el mundo está dividido y parece que es
rentable dividirlo y dividirnos aún más; con cuánta fuerza pueden resonar las
palabras del Señor: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán
llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). ¿Qué adrenalina mayor que la de empeñarse
todos los días, con dedicación, en ser artesanos de sueños, artesanos de
esperanza? Los sueños nos ayudan a mantener viva la certeza de saber que otro
mundo es posible y que estamos invitados a involucrarnos y formar parte de él
con nuestro trabajo, con nuestro compromiso y acción.
En
este país hay una hermosa tradición, la de los artesanos escultores, hábiles en
tallar y trabajar la piedra. Es necesario ser como esos artistas y convertirnos
en buenos escultores de los propios sueños. Un escultor toma la piedra en sus
manos y lentamente comienza a darle forma y a transformarla, con dedicación y
esfuerzo, y sobre todo con muchas ganas de ver cómo esa piedra, por la que
nadie daría nada, se convierte en una hermosa obra de arte.
«Los
sueños más bellos se conquistan con esperanza, paciencia y empeño, renunciando
a las prisas. Al mismo tiempo, no hay que detenerse por inseguridad, no hay que
tener miedo de apostar y de cometer errores. Sí hay que tener miedo a vivir
paralizados, como muertos en vida, convertidos en seres que no viven porque no
quieren arriesgar, porque no perseveran en sus empeños o porque tienen temor a
equivocarse. Aun si te equivocas siempre podrás levantar la cabeza y volver a
empezar, porque nadie tiene derecho a robarte la esperanza» (Exhort. apost.
postsin. Christus vivit, 142). No tengáis miedo de volveros artesanos de sueños
y esperanza.
«Es
cierto que los miembros de la Iglesia no tenemos que ser “bichos raros”. Todos
tienen que sentirnos hermanos y cercanos, como los Apóstoles, que “gozaban de
la simpatía de todo el pueblo” (Hch 2,47; cf. 4,21.33; 5,13). Pero al
mismo tiempo tenemos que atrevernos a ser distintos, a mostrar otros sueños que
este mundo no ofrece, a testimoniar la belleza de la generosidad, del servicio,
de la pureza, de la fortaleza, del perdón, de la fidelidad a la propia
vocación, de la oración, de la lucha por la justicia y el bien común, del amor
a los pobres, de la amistad social» (ibíd., 36).
Pensad
en Madre Teresa. Cuando vivía aquí no se imaginaba cómo sería su vida, pero no
dejó de soñar y de esforzarse por descubrir siempre el rostro de su gran amor,
Jesús, en todos aquellos que estaban al borde del camino. Ella soñó a lo grande
y por eso también amó a lo grande. Tenía los pies bien plantados aquí, en su
tierra, pero no estaba con los brazos cruzados. Quería ser “un lápiz en las
manos de Dios”. Ese fue su sueño artesanal. Lo ofreció a Dios, creyó, sufrió,
no renunció nunca. Y Dios comenzó a escribir páginas inéditas y asombrosas con
ese lápiz (…).
Cada
uno de vosotros, al igual que Madre Teresa, está llamado a trabajar con sus
propias manos, a tomar la vida en serio, para hacer algo hermoso con ella. No
permitamos que nos roben los sueños (cf. ibíd., 17), no nos perdamos la
novedad que el Señor nos quiere regalar. Encontraréis muchos imprevistos,
muchos… pero es importante que los afrontéis y busquéis con creatividad
transformarlos en una oportunidad. Nunca solos, nadie puede pelear solo. Como
lo compartieron Dragan y Marija: “Nuestra comunión nos da la fuerza para
afrontar los desafíos de la sociedad actual”.
He
ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura.
Nadie puede pelear la vida aisladamente, no se puede vivir la fe, los sueños
sin comunidad, solo en su corazón o en casa, encerrado o aislado entre cuatro
paredes, se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que
nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar
juntos! Como hacéis hoy aquí, todos unidos, sin barreras. Por favor, soñad
juntos, no solos; con los demás, nunca contra los demás. Solos se corre el
riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se
construyen juntos (…).
Dragan
y Marija nos decían lo difícil que resulta esto cuando todo parece aislarnos y
privarnos de la oportunidad de encontrarnos. En los años que tengo —y no son
pocos—, ¿sabéis cuál es la mejor lección que he visto y conocido a lo largo de
mi vida? El “cara a cara”. Hemos entrado en la era de las conexiones, pero poco
sabemos de comunicaciones. Muy conectados y poco involucrados los unos con los
otros. Porque involucrarse pide la vida, exige estar y compartir momentos
buenos… y no tan buenos.
En
el Sínodo dedicado a los jóvenes, que tuvimos el año pasado, pudimos vivir la
experiencia de encontrarnos cara a cara, jóvenes y no tan jóvenes, y
escucharnos, soñar juntos, mirar hacia delante con esperanza y gratitud. Ese
fue el mejor antídoto contra la desesperanza y la manipulación, contra la
cultura de lo instantáneo y de los falsos profetas que sólo anuncian
calamidades y destrucción: (…) escuchar y escucharnos. Y permitirme que os diga
algo que llevo muy en el corazón, regalaros la oportunidad de compartir y
disfrutar un buen “cara a cara” con todos, pero especialmente con vuestros
abuelos, con los mayores de vuestra comunidad. Alguno quizás ya me lo ha
escuchado decir, pero creo que es un antídoto contra todos aquellos que quieren
encerraros en el presente, ahogándoos y asfixiándoos con presiones y exigencias
de una supuesta felicidad, donde parece que el mundo se acaba y hay que hacerlo
y vivirlo todo ya. Esto genera con el tiempo mucha ansiedad, insatisfacción y
resignación. Para un corazón enfermo de resignación, ningún remedio es mejor
que escuchar las vivencias de sus mayores.
Amigos,
dedicad tiempo a vuestros ancianos, a vuestros mayores, escuchad sus largas
narraciones, que a veces parecen fantasiosas, pero que, en realidad, están
llenas de experiencias valiosas, de símbolos elocuentes y sabiduría oculta que
hay que descubrir y valorar. Son narraciones que requieren tiempo (cf. Exhort. apost.
postsin. Christus vivit, 195). No olvidemos el dicho que un enano
puede ver más lejos desde los hombros de un gigante. Así tendréis una visión
como nunca la habíais tenido. Entrad en la sabiduría de vuestro pueblo, de
vuestra gente, sin vergüenza ni complejos, y encontraréis una fuente de
creatividad insospechada que lo llenará todo, os permitirá ver caminos donde
otros ven murallas, posibilidades donde otros ven peligro, resurrección donde
muchos sólo anuncian muerte (…).
Larissa
I. López
©
Librería Editorial Vaticana
Fuente:
Zenit






