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16.8.19
EL BESTIARIO DE LA BIBLIA: EL PEZ, DE JONÁS AL NUEVO TESTAMENTO
Aunque
a día de hoy la cruz ha sustituido al símbolo inicial del pez, este último
sigue estando muy presente en la iconografía cristiana
La Biblia reserva un lugar importante al pez.
Aunque el Antiguo Testamento ya le había concedido un valor simbólico con el
episodio, prefiguración de la Pasión de Cristo, de Jonás engullido por un gran
pez llamado más tarde ballena, es sobre todo en el Nuevo Testamento y durante
los primeros tiempos del cristianismo cuando este animal va a revestir una
connotación muy intensa. Aunque a día de hoy la cruz ha sustituido al símbolo
inicial del pez, este último sigue estando muy presente en la iconografía cristiana
Desde niños conocemos todos sin excepción esa
imagen de una ballena inmensa devorando al profeta Jonás, castigado por Dios
por desobedecer sus órdenes. Según este relato, que encuentra paralelismos
también en Grecia, Egipto y en India, Jonás permaneció tres días y tres noches
en el vientre de esta supuesta ballena que, curiosamente, ¡la Biblia solamente
designa como un simple “gran pez”! En meditación, Jonás rezará y recitará allí
un magnífico salmo de inspiración divina antes de reaparecer.
Más allá de
la etimología y de lo que la Biblia deseara designar realmente, no cambia el
hecho de que dicho animal, ballena o gran pez, se considerara un objeto de
cólera divina y símbolo de un examen de consciencia de lo más íntimo para
Jonás. Prefigurando con esta escena la Pasión de Cristo y su Resurrección tres
días después, esos tres días de Jonás representan, en efecto, una muerte y un
renacer espiritual, una apertura a la Palabra que no había sabido recibir hasta
la llegada de esta prueba.
Los
albores del cristianismo bajo el signo del pez
Aunque el
Antiguo Testamento no hace apenas referencia a los peces más allá del episodio
relatado, el cristianismo naciente sí se sumergiría en una marea de peces al
convertirse este animal en uno de sus símbolos más potentes, mucho antes de la
Cruz. Tenemos que remontarnos al griego antiguo para comprender esta
omnipresencia del pez.
La palabra ‘Ichtus’ o ‘Ichtys’ (ἰχθύς), que significa ‘pez’
en griego, oculta en cada una de sus letras la traducción cristológica siguiente: “Iēsous
Christos Theou Yios Sōtēr”, es decir, “Jesucristo, Hijo de Dios,
Salvador”. De ahí la importancia de este símbolo.
En la
práctica, su representación asumiría rápidamente la forma de dos curvas
encontrándose y se convertiría en un signo de adhesión de los cristianos; un
símbolo, además, discreto, que podía dejarse en grafiti sin llamar la atención
y que apuntaba con la dirección de la cabeza para indicar discretamente el
camino de un lugar de culto oculto. Los primeros cristianos se designarían, de
hecho, como “hijos del Ichtus celeste”.
Signo de Cristo y del
bautismo
De ahí a Roma
y luego en toda la cristiandad, el símbolo estallará como una llamarada de
pólvora y el “Pez-Cristo” será objeto de veneración, incluso con soberanos
pontífices como Clemente de Alejandría, que fomentaría su representación en
sellos, joyas y otros efectos personales. Este será el comienzo de una rica
colección de gemas, amuletos, piedras preciosas, sellos grabados, etc., con las
cinco letras acompañadas del pez.
La literatura cristiana de los primeros siglos se haría eco de este fervor.
Tertuliano, Orígenes, san Agustín y muchos otros abundarían en esta poderosa representación,
sinónimo de “fuente inmortal del agua divina”, de pureza y de nutrimento.
Tertuliano subraya el paralelismo entre el pez y el agua bautismal:
“Nosotros, pequeños peces como nuestro Pez
Cristo Jesús, nacemos en el agua y nos salvamos permaneciendo en el agua”.
El pez
también fue comparado con el pan eucarístico por san Agustín y figura incluso
en representaciones eucarísticas como la del Museo del Vaticano. El episodio
famoso de la multiplicación de los cinco panes y dos peces narrado en los
Evangelios está ahí para recordar esta fuerza del don sin límites que anticipa
el sacrificio crístico.
Además, Jesús
comió pescado asado con sus discípulos después de su Resurrección para
mostrarles la veracidad de las Escrituras en plena época de dudas y temores. Y,
aunque la Cruz sustituiría progresivamente al pez para representar la fe de los
cristianos, el animal acuático sigue estando muy presente en nuestras iglesias,
en sus cuadros, mosaicos y otros soportes que recuerdan la riqueza de su
historia.