“Que sea el domingo de las
lágrimas”
![]() |
| Santa Marta © Vatican Media |
Pienso
en tanta gente “que llora: gente aislada, gente en cuarentena, los ancianos
solos, personas hospitalizadas y personas en terapia, padres que ven que, como
no reciben la paga, no podrán dar de comer a sus hijos, mucha gente llora”.
Esta
es la introducción del Papa al comienzo de la Eucaristía de este domingo 29 de
marzo de 2020 celebrada en la capilla de la casa Santa Marta y transmitida en
directo.
Así
nosotros también, desde nuestro corazón, los acompañamos. Y no nos hará mal
llorar un poco con el llanto del Señor por todo su pueblo.
A
continuación la homilía:
Homilía del Santo Padre
Jesús
tenía amigos. Amaba a todos, pero tenía amigos con los cuales tenía una
relación especial, como se hace con los amigos, de más amor, de más confianza…
Y muchas, muchas veces se quedaba en casa de estos hermanos: Lázaro, Marta,
María… Y Jesús sintió dolor por la enfermedad y la muerte de su amigo. Llegó a
la tumba y, se conmovió profundamente y muy turbado, preguntó: “¿Dónde lo
habéis puesto?” (Jn 11,34). Y Jesús estalló en lágrimas. Jesús, Dios, pero
hombre, lloró. En otra ocasión en el Evangelio se dice que Jesús lloró: cuando
lloró por Jerusalén (Lc 19,41-42). ¡Y con cuanta ternura llora Jesús!
Llora desde el corazón, llora con amor, llora con los suyos que lloran. El
llanto de Jesús. Tal vez, lloró otras veces en la vida —no lo sabemos—
ciertamente en el Huerto de los Olivos. Pero Jesús llora por amor, siempre.
Se
conmueve profundamente y muy turbado lloró. Cuántas veces hemos escuchado en el
Evangelio esta emoción de Jesús, con esa frase que se repite: “Viendo, tuvo
compasión” (cf. Mt 9,36; Mt 14,14). Jesús no puede mirar a
la gente y no sentir compasión. Sus ojos miran con el corazón; Jesús ve con sus
ojos, pero ve con su corazón y es capaz de llorar.
Hoy,
ante un mundo que sufre tanto, ante tanta gente que sufre las consecuencias de
esta pandemia, me pregunto: ¿soy capaz de llorar, como seguramente lo habría
hecho Jesús y lo hace ahora? ¿Mi corazón se parece al de Jesús? Y si es
demasiado duro, si bien soy capaz de hablar, de hacer el bien, de ayudar, pero
mi corazón no entra, no soy capaz de llorar, debo pedir esta gracia al Señor:
Señor, que yo llore contigo, que llore con tu pueblo que en este momento sufre.
Muchos lloran hoy. Y nosotros, desde este altar, desde este sacrificio de
Jesús, de Jesús que no se avergonzó de llorar, pedimos la gracia de llorar. Que
hoy sea para todos nosotros como el domingo del llanto.
Oración para la Comunión
espiritual
Creo,
Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que no puedo
recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y
como si te hubiese recibido, me abrazo y me uno todo a ti. No permitas que
jamás me aparte de ti.
© Copyright – Librería
Editorial Vaticana
Fuente: Zenit






