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| Homilía de la Misa por los Fieles Difuntos (C) Vatican Media |
Al principio de la Eucaristía, el
rector del Colegio Teutónico, monseñor Hans-Peter Fischer, dirigió su saludo al
Santo Padre y subrayó que los participantes estaban en comunión con todos los
que los han precedido y que allí “duermen el sueño de la paz”: los santos de
“la puerta de al lado”, que nos recuerdan cada día que “’bebiendo’ el tiempo de
la vida, aún vivimos”, indica Vatican News.
La homilía improvisada de
Francisco estuvo dedicada a la esperanza: “Sé que mi Redentor está vivo y lo
veré”, repitió varias veces. La esperanza, es un “regalo de Dios y ancla” a la
que debemos sujetarnos en los momentos más oscuros de nuestra vida.
El abatimiento de Job
El Papa reflexionó sobre el
pasaje de la primera
lectura de la liturgia de hoy, tomado del Libro del Profeta Job, que narra
el término de su existencia a causa de la enfermedad. “Con la piel deshecha
casi al punto de morir, casi sin carne”, Job “tiene una certeza y la dice”: “Yo
sé que mi Redentor vive y que, al fin, se levantará sobre el polvo”.
Cuando Job se encuentra “más
abatido”, está presente el abrazo “de luz y calor” que lo reconforta: “Veré al
Redentor, con estos ojos lo veré”. “Mis ojos lo verán, y no otro”. “Esa
certeza, en el momento finito, casi terminado de la vida, es la esperanza
cristiana”, describió.
La esperanza cristiana
Para el Pontífice la esperanza
es, efectivamente, un regalo de Dios que “debemos pedir”: “Señor, dame la esperanza”.
El Sucesor de Pedro se refierió a
todas las cuestiones que llevan a las personas a la desesperación hasta creer
que “todo será una derrota final, que después de la muerte no habrá nada”. Es
entonces, donde “vuelve la voz de Job:” “Sé que mi Redentor está vivo y que, en
el final, se levantará sobre el polvo y lo veré, yo mismo, con estos ojos”.
Por otra parte, recordó que la
esperanza, como dijo Pablo, “no defrauda”, sino que “nos atrae y da un sentido
a nuestra vida”.
La esperanza como ancla
“Yo no veo el más allá. Pero la
esperanza es el don de Dios que nos atrae hacia la vida, hacia la alegría
eterna. La esperanza es un ancla que tenemos del otro lado: nosotros,
aferrándonos a la cuerda, nos sujetamos. ‘Sé que mi Redentor está vivo y lo
ver’: repetir esto en los momentos de alegría y en los malos momentos, en los
momentos ‘de muerte’, por decirlo así”, apuntó el Papa Francisco.
Dado que “nunca podremos tener la
esperanza con nuestras propias fuerzas”, “debemos pedirla”: “La esperanza es un
don gratuito que nunca merecemos: es dada, es donada. Es gracia”, puntualizó el
Santo Padre.
Y, agregó, es el mismo Señor
quien “confirma esto”: “Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí, y al que
viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi
voluntad, sino la voluntad del que me envió”.
“Sé que mi Redentor vive…”
“El Señor nos recibe allí, donde
está el ancla. La vida en la esperanza es vivir así: aferrándose, con la cuerda
en la mano, fuerte, sabiendo que el ancla está ahí. Y esta ancla no decepciona:
no defrauda”, prosiguió el Papa.
Al final de su homilía, se
dirigió a tantos hermanos y hermanas que se han ido, pero también a quienes aún
estamos en este mudo: “Hoy en el pensamiento de tantos hermanos y hermanas que
se han ido, nos hará bien mirar los cementerios y mirar hacia arriba y repetir,
como hizo Job: ‘Sé que mi Redentor vive y lo veré, yo mismo; mis ojos lo
contemplarán, y no otro’”.
Esta “es la fuerza que nos da la
esperanza, este don gratuito que es la virtud de la esperanza. “Que el Señor
nos lo dé a todos”, pidió.
Tras la celebración eucarística,
el Pontífice, junto al rector del Colegio Teutónico, recorrió el Campo
Santo Teutónico, se detuvo en oración frente a la imagen de la Piedad y
bendijo el lugar. Después, bajo a las grutas vaticanas para rendir homenaje a
los Pontífices fallecidos.
Larissa I. López
Fuente: Zenit






