Análisis bíblico
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| La antropología cristiana de la Escritura © Pxhere |
Pregunta Leslie: “¿Es lo mismo
mente, alma y espíritu?, ¿qué relación tienen con el cerebro? ¿Dice algo la
Biblia al respecto?” La antropología bíblica, en concreto la de San Pablo,
habla de una división tripartita en el hombre: cuerpo, alma y espíritu. Por
ejemplo, 1 Tesalonicenses 5, 23 dice: “Y el mismo Dios de paz os
santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea
guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Sin embargo, esta estructura no
ha pasado a formar parte de la antropología cristiana posterior, que la
simplifica, diciendo que el hombre está compuesto de cuerpo material y alma
espiritual. Con la recepción y sucesiva “cristianización” de Aristóteles en la
Edad Media se abandonó el esquema tripartito para expresarse en dos polos:
cuerpo y alma, los cuales forman una “unidad sustancial”, es decir, son
principios de una misma realidad. El cerebro designa la parte material, el alma
la parte espiritual.
El cerebro es la parte corporal,
el sustrato físico de toda actividad espiritual en el hombre. Con la palabra
“mente” se designa el funcionamiento de ese cerebro, la actividad a la que da
lugar: percepción, memoria, imaginación, conocimiento, afectividad.
El gran tema con la mente es si
se puede reducir toda su actividad al entrelazamiento de intercambios
neuronales a nivel cerebral, o si hay un plus. La mente designa al sujeto o
protagonista de esas actividades, es decir, al “yo”, la conciencia, la
interioridad, la intimidad. No son procesos que se realizan anónimamente por un
cerebro impersonal, sino por un sujeto que tiene conciencia, por la persona, el
“yo”.
La dificultad que plantea el
funcionamiento de la mente, es que algunas de sus actividades claramente pueden
describirse expresando exclusivamente funciones cerebrales (por ejemplo, la
memoria o la vida afectiva), mientras que, para otras, la
actividad cerebral resulta incompleta o insuficiente (la conciencia y la
percepción de las cualidades subjetivas de las experiencias individuales
o qualia). La raíz de ello es la unidad de cuerpo y alma, de lo material y
lo espiritual en el hombre; unidad que es profunda, no se puede separar con
bisturí hasta donde llega el cuerpo y donde comienza el alma.
Entonces, cuando hablas de mente,
no te refieres solo a la dimensión espiritual, pues esta se encuentra
“corporalizada” en procesos cerebrales (memoria, sentimientos, etc.).
Ahora bien, la mente realiza algunas funciones que son propias de un ser
espiritual, fundamentalmente el conocimiento intelectual.
El cerebro como órgano, lo es de
los sentidos internos, es decir, de la imaginación, memoria e instinto y del
conocimiento sensible (como el de los animales). El conocimiento intelectual
supone el plus propio de la mente, aunque requiere del cerebro como sustrato
para poder realizarse.
Por su parte, el alma es el
principio vital del hombre, que tiene una naturaleza metafísica o modo de ser
espiritual, radicalmente diferente de todo el universo físico que conocemos, y
que le capacita para realizar operaciones intelectuales.
El espíritu designa a la
naturaleza metafísica de esa alma. El alma humana es espiritual. Con lo
espiritual nos referimos un modo de ser diferente e irreductible a lo material.
Ahí radica nuestra imagen y semejanza con Dios, que es Espíritu.
El alma espiritual está en la
raíz del “yo”, de la conciencia, de la interioridad de la persona. Indica el
sujeto de todos esos actos (aunque como tal, el sujeto tiene también una
dimensión corporal, pues no somos espíritus encerrados en un cuerpo). En cuanto
designa al “yo”, al sujeto libre (la libertad es una consecuencia de la
espiritualidad), en ella se puede dar el pecado.
Cuando digo: “el alma está mal”,
me refiero a la dimensión moral. El sujeto hace mal uso de su libertad, dañando
a su aspecto espiritual. Cuando digo “la mente está mal”, señalo un mal
funcionamiento, ya sea en los procesos cerebrales (y para eso tomas pastillas),
o en el modo de procesar las experiencias mentales (y para eso vas a una
terapia psicológica).
No tiene una dimensión moral. Una
“mente enferma” designa una patología, que puede estar a nivel cerebral, a
nivel psicológico -modo de vivir los eventos mentales-, o una mezcla de ambos
(vas al psicólogo y al psiquiatra al mismo tiempo). “Espíritu enfermo” en
cambio se refiere a la libertad, al pecado y tiene relevancia moral, para
remediarlo acudes al sacerdote.
Mario Arroyo Martínez
Fuente: Zenit






