7 – Marzo. Domingo III de Cuaresma
Evangelio según Juan 2, 13-25
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a
Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y
palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó
a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas
y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me
devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
«Qué signos nos muestras para obrar así?».
«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
Los judíos replicaron:
«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar
en tres días?».
Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo
había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su
nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque
los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre,
porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.
COMENTARIO
El padre Facundo Fernández comparte su comentario del
Evangelio correspondiente al 7 de marzo, III domingo de Cuaresma, en el que el
evangelista Juan relata la expulsión de los vendedores del templo.
Este III Domingo de Cuaresma nos propone una de las escenas
más enigmáticas de la vida de Jesús: la expulsión de los vendedores del templo.
Vemos a Jesús que desparrama y esto nos llama la atención. Sin duda, Jesús
encontró en el templo algo que no era propio del culto de ese lugar, sin
embargo, nos tenemos que animar a mirar el acto simbólico que Jesús hace en la
explanada del Templo. Jesús nos quiere decir que ese Templo está llegando a su
fin, que ya no será el lugar de comunión, de encuentro con el Señor, sino que
habrá nuevos caminos a partir de Jesús. La presencia de Jesús resucitado, será
el camino, la verdad y la vida para llegar al Padre.
Por eso, el tiempo de Cuaresma es un tiempo para mirar
nuestro corazón y reconocer aquellas cosas que tenemos que sacar, aquellas
cosas que creemos que es un camino de acceso a Dios pero que en realidad nos
dificultan.
Vatican News