En el 40 aniversario de la encíclica “Laborem excersens” de san Juan Pablo II, Domènec Melé da vida a un documento que permanece actual con la publicación de “Valor humano y cristiano del trabajo”
![]() |
| @Iesebusinessschool |
En
su doble condición de sacerdote y estudioso de la ética empresarial y de
la doctrina social de la Iglesia, Melé aporta un análisis de las enseñanzas del
Papa que aborda el concepto cristiano del trabajo a la luz de los retos que
afrontamos en el Tercer Milenio.
Melé es profesor emérito del
departamento de Ética Empresarial y titular de la Cátedra de
Ética Empresarial del IESE (Instituto de Estudios Superiores de la
Empresa).
Además, es doctor en Ingeniería
Industrial por la Universitat Politècnica de Catalunya, doctor en
Teología por la Universidad de Navarra y licenciado en Química por la
Universidad de Barcelona. Es sacerdote incardinado en la prelatura del
Opus Dei.
Cuenta
con un prolífico trabajo en publicación de libros, artículos científicos y
casos de estudio (más de 70). En 2003 recibió el premio a la excelencia en
investigación de la Asociación Alumni del IESE.
Nos encontramos ante una voz muy
autorizada.
¿Cuáles son los fundamentos del
trabajo en la espiritualidad cristiana?
Los fundamentos los encontramos
en los dos relatos del Génesis sobre el trabajo. El primero,
con la bendición de Dios, “dominad la Tierra” con el trabajo; y en el segundo,
de una manera más explícita, llamando a cuidar y trabajar la tierra, en el
sentido de ser un buen administrador de la Creación. Cultivarla es
hacerla producir, sacar frutos, obtener lo mejor de esta tierra que es un don
de Dios.
El otro gran fundamento está en
el misterio de la Redención, concretamente en Cristo. Empieza con la
Encarnación, el hijo de Dios se hace hombre y trabaja, por lo que el trabajo
tiene una dignidad extraordinaria.
Con el trabajo nos podemos
asociar a la Redención, lo que le da un significado muy profundo.
«El cristiano colabora en la
Creación, trabaja unido a Cristo en su Redención y se deja mover por el
Espíritu Santo para realizar el trabajo»
El tercer fundamento es la acción
del Espíritu Santo sobre las almas. Él es quien hace posible que el
trabajo se realice con rectitud de intención, bien hecho, que tenga un valor
santificador. El Espíritu Santo, que es dador de vida, nos da esta vida
sobrenatural, esta santidad a través del trabajo.
La santificación del trabajo
es trinitaria: la Creación, la Redención y la Santificación por el
Espíritu Santo. El cristiano colabora en la Creación, trabaja unido a Cristo en
su Redención y se deja mover por el Espíritu Santo para realizar el trabajo.
“El trabajo es una proyección del
hombre, por lo que no puede ser tratado como una mercancía.”
¿Qué supone el trabajo para el
hombre desde la visión de san Juan Pablo II?
Por una parte, es una visión
teológica como he explicado, lo que él llama el primer evangelio del
trabajo (en el Génesis); luego habla del evangelio del trabajo propiamente
dicho.
Como la teología utiliza la
razón, Juan Pablo II se fija en los fundamentos antropológicos del trabajo.
Dice que el trabajo procede de la persona, es algo íntimamente unido a
ella, y es justamente lo que le da al trabajo una gran dignidad. El
trabajo es una proyección del hombre, por lo que no puede ser tratado como
una mercancía, no se pone a la venta sin más, por esa consideración de
actividad humana.
En esta sociedad disruptiva, ¿se
ha “endiosado” la tecnología?
Desde Pío XII, los Papas siempre
han visto la tecnología con muy buenos ojos. Es un fruto del trabajo del
hombre, del ingenio y la inteligencia humana pero, en último término, es Dios
quien ha puesto esta capacidad en el hombre. La tecnología mirada con
profundidad nos lleva a Dios.
El problema es cuando la
tecnología se transforma en un ídolo, no como un fruto del trabajo del hombre,
sino como una especie de ídolo a quien adorar, a quien servir, dándole un lugar
preeminente en la vida humana.
Ahí es donde los Papas advierten
de una cosmovisión que, en lugar de estar centrada en el hombre y en Dios, esté
centrada en la tecnología y lo que puede proporcionar, y se pierde de vista que
es instrumental. La tecnología es creada por el hombre para las personas.
“La tecnología mirada con
profundidad nos lleva a Dios”
¿Hay trabajos más dignos que
otros?
Cualquier persona tiene una
dignidad intrínseca y, por tanto, todos los trabajos tienen una dignidad
por proceder de la persona. Otra cosa es la valoración social o económica
que depende de factores externos, sea el más brillante o al que socialmente se
le da menos valor. Pero más allá de esto, tiene un valor antropológico y
ético por proceder de la persona.
La dimensión del amor
¿Cuándo aliena el trabajo a la
persona?
Cuando no hace posible que se
realice trabajando, es decir, cuando el trabajo no puede hacer crecer a la
persona. El trabajo tiene una virtud anexa que es la laboriosidad. Según santo
Tomás, la virtud es lo que hace bueno al hombre. Un hombre bueno es
un hombre virtuoso. La laboriosidad no se podría considerar una virtud, así se
considera en la tradición cristiana, si no fuera parte de la perfección
humana.
Trabajando nos hacemos mejores
personas. ¿Por qué? No porque adquiramos más habilidades, sino porque nos damos
cuenta de que, con ese trabajo, se sirve a los demás, sirve como soporte a la
familia…
En definitiva, cuando tiene
esta dimensión del amor, en el sentido de buscar el bien para los demás.
En el sentido de amar a Dios, se ve su voluntad y es una manera de servirle.
“El cuidado de los hijos debería
tener una consideración profesional”
Parece que San Juan Pablo II fue
un visionario al hablar de la conciliación.
San Juan Pablo II defiende el
valor del trabajo familiar, el valor del trabajo materno. Es más, llega a
decir que debe tener una consideración profesional el hecho de que las madres
se dediquen a los hijos.
¿Esto significa que no valore el
trabajo de la mujer fuera del hogar? En absoluto, reivindica la igualdad del
trabajo entre hombre y mujer. Pero él pide que se reconozca ese trabajo inmenso
de la educación de los hijos por parte de las madres, pero también de
los padres. En este sentido, aboga por que el trabajo fuera de casa no
desuna a la familia.
Sin utilizar el término
conciliación, habla de algo más profundo: el trabajo y la familia deben
contribuir al crecimiento de la persona.
A veces, puede ocurrir que se
trabaje mucho, no tanto para mejorar como persona y para servir, sino
simplemente por ambición personal, por autosatisfacción, y puede darse una
falta de conciliación simplemente por una falta de ideas claras del propio
protagonista. En otros casos no es así y la falta de conciliación es porque depende
de la empresa, de las estructuras sociales.
“Hay que imaginar un trabajo en
la presencia de Dios.”
¿Cómo podemos imitar a la Sagrada
Familia en el trabajo?
No tenemos detalles explícitos,
pero el evangelio nos dice que Jesús era hijo de José el artesano. También era
conocido como el artesano hijo de María, lo que significa que la Sagrada
Familia trabajaba.
Hay que imaginar un trabajo en la
presencia de Dios. Y así es el trabajo de las personas cristianas: el
trabajo bien hecho, realizado con competencia profesional, hecho en la
presencia de Dios y ofreciéndoselo.
El trabajo en la Sagrada Familia
es ejemplo de muchas cosas: el medio de sustento de la familia, tenían que
trabajar mucho porque en aquella época, dicho en términos modernos, la
productividad era muy baja, había que hacerlo todo a mano, no existían las
máquinas.
A cualquier cosa que ahora
hacemos más rápidamente, entonces tenían que echarle muchas horas. José y Jesús
-la mayor parte de su vida- pasarían muchas horas trabajando en el taller de
Nazaret para sacar adelante la familia y servir a sus conciudadanos.
¿Cómo actúa el Espíritu Santo en
el trabajo?
Actúa en el alma de quien
trabaja, dando este amor de Dios que es como la fuerza interior para santificar
el trabajo. El Espíritu Santo se nos da continuamente en los
sacramentos y en la oración.
El trabajo se puede relacionar
con la liturgia, cuando en el ofertorio el sacerdote dice estas palabras tan
bonitas: el pan es «el fruto de la tierra y del trabajo del hombre” y el vino,
«fruto de la vid y del trabajo del hombre”.
Transformamos el trabajo en
ofrenda, hacemos que sea parte de la liturgia central de la Iglesia en la Santa
Misa, con el sacrificio de Cristo. Ahí está el Espíritu Santo, cuando ofrecemos
el trabajo a Dios.
¿Cómo intervienen la caridad, la
vocación de servicio y la solidaridad en el trabajo?
La caridad es la acción
del Espíritu Santo. Hay que tener esta visión de servicio siempre. En mi
experiencia, cuando los estudiantes ya no estudian solo para pasar el curso,
para aprobar, sino que descubren que están formándose para servir mejor a los
demás, el estudio adquiere una nueva dimensión. Cuando se es profesional
también.
«La espiritualidad cristiana
proporciona un sentido profundísimo al trabajo»
Descubrir la vocación de
serviciole da al trabajo un significado nuevo. Esto tiene una gran actualidad,
en el mundo de la empresa se habla mucho de proporcionar un trabajo con
significado. La espiritualidad cristiana proporciona un significado profundísimo:
sentirse cooperador en la obra de Dios, unido a la obra redentora de Cristo y
santificándose por medio del Espíritu Santo.
Esta vocación de servicio lleva a
la solidaridad. Permite tener recursos para ayudar a los demás, para
dar limosnas… Pero no solamente para esto, también ayudar a los propios hijos.
El trabajo de los padres es ejemplarizante para ellos, a veces es sin palabras,
por lo que ven.
¿Cómo se puede hacer apostolado
en el trabajo?
El apostolado es inherente a la
condición de cristiano. Apostolado es llevar el mensaje de Cristo, en
definitiva: cuando una persona cristiana trabaja lleva ese mensaje, en primer
lugar, por la ejemplaridad, por la forma de trabajar. La gente se fija. También
por la forma de afrontar las cosas.
Las virtudes cristianas se hacen
presentes en el trabajo: por la serenidad, la forma de dirigirse a los
demás, de la fortaleza para afrontar los problemas, a través de la
laboriosidad… ¡A través de tantas cosas!
Nadie trabaja solo, trabajamos
con otros incluso con el teletrabajo. El Señor nos dice en el evangelio
“que vean vuestras buenas obras para que glorifiquen a vuestro Padre que está
en el cielo”. No es para presumir o para la vanidad personal: es para la gloria
de Dios. Trabajando de esta manera se hace apostolado.
María José García Crespo
Fuente: Aleteia






