El testimonio de conversión de Omar Al Kaddour, argentino de padres sirios
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| Omar Al Kaddour, de padre musulmán y madre cristiana, cuenta su conversión a Cristo |
Faro Films publica en YouTube los martes por la tarde desde Argentina entrevistas online con el título ConVersiones, en las que Claudia Echeverría habla con personas que
cuentan su historia de conversión o acercamiento a la fe. En una de estas
entrevistas cuenta su historia Omar Al Kaddour.
Casado, con 5 hijas,
licenciado en Relaciones Internacionales, Omar organiza peregrinaciones a
Tierra Santa, colabora en el diálogo entre religiones y participa en la recién
creada Red Respeto Religioso. Fue
durante unos años director de libertad y diversidad religiosa, dentro del
Ministerio de Exteriores de Argentina.
Hijo de padre musulmán,
no se bautizó hasta los 18 años. Esa es la historia que quiere contar.
Inmigrantes sirios en Argentina, padre musulmán
La madre de Omar nació
en Aleppo, una de las ciudades más cosmopolitas de Siria, en una familia de
cristianos católicos de rito oriental. Su padre nació en otra ciudad, en
una familia musulmana suní. Se conocieron ya como inmigrantes en
Argentina, se enamoraron y se casaron.
El padre de Omar era un
musulmán respetuoso con la fe cristiana y acostumbrado al diálogo con otras
religiones. Al casarse, acordaron que educarían a los hijos en ambas
religiones y que tendrían libertad de elegir su religión cuando
tuvieran "suficiente conciencia de fe".
"Nunca fui
musulmán, mi conversión fue del corazón", detalla Omar. "En
mi casa celebrábamos las fiestas musulmanas y católicas. De chiquito
fui al centro islámico a la fiesta del cordero, vi sacrificar los corderos en
directo. Mi padre rezaba y hacía sus ayunos. Pero por razones laborales y
la dinámica de la vida, mi padre no pudo darme la formación musulmana
acordada".
Niño sin bautizar en una escuela de LaSalle
Un sacerdote jesuita
amigo de la familia les recomendó llevar al niño, a principios de los años 80,
a una escuela de LaSalle. Las amistades que hizo allí serían claves en la vida
espiritual de Omar.
Al estar sin bautizar,
Omar participaba en muchas actividades religiosas pero sin comulgar ni
confesar. No se sentía atraído por los sacramentos ni se sentía impulsado a
hacer como sus compañeros. Aprendía la catequesis católica como una
asignatura más.
Recuerda "con
ternura" que de niño ayudaba en los ensayos de las primeras
comuniones del colegio. "Yo sustituía a los niños que
faltaban, iba con las manitas juntitas hacia adelante, luego pasaba a
un lado... estas cosas quedan grabadas en el corazón, creo que Dios
estaba actuando", dice con humor.
Adoración a las 3 de la madrugada: cambió su vida
En el colegio organizaron un
retiro que en LaSalle llaman "cenáculo", con los jóvenes de 16 años, "una
edad en la que ya tomas las primeras decisiones relevantes para la vida",
señala Omar. Había adoración por la noche, le llamaban "la Noche
Heroica".
Omar no se decidía a
apuntarse y cuando por fin lo hizo vio que el único turno que quedaba
vacío era el de las 3 de la madrugada.
"Empecé meditando,
porque nos habían dado unas orientaciones sobre cómo meditar ante el
Santísimo. Después agarré la Biblia, el Evangelio especialmente, para
ver con qué lecturas me sorprendía Jesús. Yo ya tenía un conocimiento del
Evangelio. Pero, aquí, cada lectura era más atrayente que la otra, me
convocaba a la misión de ser cristiano. El hijo pródigo, venderlo todo para
comprar el campo del tesoro, las Cartas de Pablo, muy fuertes... Esas palabras
sonaban y sonaban en mí", recuerda.
"Me quedé de las
tres en adelante, no dejé la oración hasta el desayuno. Fue un gran
momento de mi vida. Siempre digo que fue Dios. ¡Y yo no había tomado
ni siquiera los sacramentos! Salí de ese cenáculo en llamas. Desde
entonces, miro el Santísimo y me emociono recordando eso."
Sin bautizar, ya salía a evangelizar
A partir de ahí, con
otros chicos se apuntó a visitar ancianos ("les cantábamos, les
prestábamos la oreja, ellos lo agradecían y nosotros recibían el
ciento por uno") y también barrios de barracas. "Yo
les anunciaba el Evangelio sin haber tomado los sacramentos", se ríe.
Su padre intuyó que algo
había pasado a su hijo. El joven le contaba que iba a hacer misiones de varios
días, pero el padre pensaba que era sobre todo algo de servicio social.
Pero al salir del
colegio y la adolescencia y pasar a la universidad, su director espiritual le
dijo a Omar: "ahora es el momento de tomar los sacramentos". En marzo
de 1995 empezó a salir con quien hoy es su esposa. También fue el mes que le
dijo a su padre que quería ser católico.
"Bien, pero no
conoces casi nada del Islam", le dijo su padre. "El Islam es
posterior, también tiene a Jesús como un profeta importante, junto con Mohammed
(Mahoma) y deberías conocerlo mejor para poder elegir".
Explorar el Islam, pero con una fecha límite
Al director espiritual
de Omar le pareció bien que hiciera esa exploración del Islam, pero le
dijo: "la formación en la fe ocupa toda la vida; te recomiendo
ponerle fechas, un principio y un fin, la indefinición puede llevar a que tu fe
pierda fuerza". Decidieron juntos que Omar exploraría el Islam durante
9 meses.
No dejó de ir a misa,
con su novia, ni dejó de ir a grupos católicos. Pero cada viernes, tras
la cena, Corán en mano, Omar y su padre hablaban del Islam y comparaban sus
doctrinas con el cristianismo.
Omar era consciente de
que era legítimo -y un deber de buen hijo y buen cristiano- darle la
posibilidad a su padre de explicar su fe.
Así llegó una noche
larga a finales de noviembre, "yo muy dirigido por el Espíritu, según
recuerdo mis respuestas, decisión y firmeza".
Fue doloroso para ambos.
"En el judaísmo es la madre quien transmite la fe, pero en el Islam es el padre,
y yo era el primogénito varón".
La noche del enfrentamiento
"Fue una ruptura
dolorosa. Mi padre decía que el Islam superaba y sintetizaba al
cristianismo", cuenta Omar.
- Sí, papá, pero yo
creo que Jesús es Dios, creo en la Santísima Trinidad...
- Ya tenés edad
suficiente -dijo el padre. -Ya que tenés tantas agallas [usó otra palabra],
sentite libre para salir de casa, seguir tu fe, tu camino...
- Mira, papá, yo soy un
buen hijo, vos sos un buen padre, nos llevamos bien, trabajamos
juntos en la agencia de viajes... Nos divide nada más que la fe.
- Nada más y nada menos.
De todo lo otro yo te puedo recuperar. Si tenés una vida licenciosa, el
alcohol, lo que sea, te puedo recuperar. De esto no. Y supongo que al
menos dejarás a tus hijos poder elegir como hice yo...
- La verdad es que los
quiero bautizar desde niños y formar en la fe -dijo Omar. Pero sí reconoció el
derecho del padre de hablar del Islam a los futuros nietos.
- Es importante
que sepas que yo me condeno por tu decisión, hijo. Yo voy al infierno por tu
decisión - insistió él.
- No, papá, no es así.
Al contrario. Dios te va a bendecir porque me estás dejando decidir
libre y conscientemente algo que ya está en mi corazón.
- Pero Dios me obliga a
transmitir mi fe a mis hijos, y le estoy fallando a Dios -dijo él, retirándose.
Fue una noche dura y
triste para ambos. Aunque trabajaban juntos y vivían juntos, durante
meses Omar y su padre no se hablaron. La herida era muy grande. Se
necesitó mucho tiempo para que se fuera sanando, mientras la fe y la familia de
Omar iban creciendo.
Peregrinaciones y diálogo entre religiones
En el año 2000, con 23
años, Omar explicó a su director espiritual que estaba desanimado con su
trabajo. "¿Por qué no organizás peregrinaciones a Tierra Santa?", propuso
el sacerdote. Desde entonces ha ido 17 o 18 veces a Tierra Santa, organizándolo
siempre como experiencias espirituales.
Con los años ha ido
trabajando cada vez más en el diálogo entre religiones. Le emociona el
Salmo: "Qué alegría cuando me dijeron: 'vamos a la casa del
Señor'. Allá suben las tribus..." "¿Y cuáles son esas
tribus?", plantea.
"Yo defiendo mi fe,
como se defiende a la madre, pero desde esa convicción puedo reconocer
la acción de Dios en la vida de fe de personas de otras religiones. Es
un desafío de nuestra época. Podemos buscar los puntos de encuentro. El diálogo
es para todos pero hay que ir preparado, con las convicciones propias claras en
el corazón".
Hoy crece en la fe, con
su familia, en la Sociedad San Juan. Amigos que conoció en LaSalle
son sacerdotes que impulsan esta asociación evangelizadora.
Allí ve crecer también
la fe de sus hijas. La fe, les enseña, es un sí diario, "no se
puede vivir de rentas".
Fuente: ReL






