A santa Teresa de Lisieux le encantaba la nieve y, cuando se hizo carmelita, presenció un auténtico milagro de “Navidades blancas”
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A santa Teresa de Lisieux le
encantaba la Navidad por muchas razones. Por ejemplo, porque era un
recordatorio de su “conversión” inicial de niña, además de por ser una fiesta
que celebraba al Divino Niño Jesús, a quien amaba profundamente.
También le encantaba la nieve, como cuenta en
su Historia de un alma.
No sé si te he hablado ya de mi amor a la
nieve… Cuando aún era muy pequeña, me fascinaba su blancura. Uno de mis mayores
deleites era pasearme bajo los copos de nieve. ¿De dónde
me venía esta afición a la nieve…? Tal vez de que, siendo yo una florecita
invernal, el primer ropaje con que mis ojos de niña vieron adornada a la
naturaleza debió ser su manto blanco…
El tiempo empezaba a cambiar un poco hacia la primavera en esta
región de Francia y santa Teresa tenía pocas esperanzas de que nevara.
Lo cierto es que siempre había
deseado que, el día de mi toma de hábito, la naturaleza estuviese vestida de
blanco como yo. La víspera de ese hermoso día, yo miraba
tristemente el cielo plomizo, del que de vez en cuando se desprendía una lluvia
fina; pero la
temperatura era tan suave, que ya no esperaba que nevase.
El “pequeño milagro” de nieve
No obstante, cuando entró en la clausura después de la ceremonia,
la nieve le esperaba, a pesar de la calidez del clima.
Lo primero que
vi en el claustro fue a “mi Niño Jesús color rosa”
sonriéndome en medio de flores y de luces. Inmediatamente
después mi mirada se posó sobre los copos de nieve… ¡El patio estaba blanco, como yo!
¡Qué delicadeza la de Jesús! En
atención a los deseos de su prometida, le regalaba nieve… ¡Nieve! ¿Qué mortal,
por poderoso que sea, puede hacer caer nieve del cielo para hechizar a su
amada…? Tal vez la gente del mundo se hizo esta pregunta; lo cierto es
que la nieve de mi toma de hábito les pareció un pequeño milagro y que toda la
ciudad se extrañó. Les pareció rara mi afición por la nieve…
¡Tanto mejor! Eso hizo resaltar aún más la incomprensible condescendencia del
Esposo de las vírgenes…, de ese Dios que siente un cariño especial por los
lirios blancos como la nieve…
El pequeño milagro de la nieve recuerda una clásica película
navideña estadounidense, White Christmas (o Navidades
blancas, en España), en la que todo el mundo anhela y reza por la
llegada de la nieve. A pesar de las circunstancias del tiempo templado, empieza
a nevar en el momento más inesperado.
La imagen es un recordatorio de que nunca es infantil rezar por que llegue la nieve, ya que Jesús nos mira a todos con amor y se deleita al vernos sonreír.
Philip Kosloski
Fuente: Aleteia





