Desde la escucha y la verdad hagamos silencio en nuestro interior para escuchar la voz de Dios que nos habla en la realidad
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Dicen que en el silencio se escuchan los deseos más hondos del
corazón. Que cuando callamos de verdad algo nos duele muy dentro. Algo así
como un gemido, como si se rompiera una tela que lo tapa todo, para que no
sintamos.
Dicen que cuando
callamos nos hacemos más profundos sin darnos cuenta. Los
pensamientos corren de un lado a otro de nuestra cabeza, atropelladamente, como
un río desbocado que lleva al mar.
Dicen que no es posible callar del todo, que algo grita muy dentro
y es necesario hacerle caso aunque no lo entendamos. Porque cuando de verdad no
sabemos lo que nos pasa puede que precisamente sea eso lo que nos esté pasando.
El
desconcierto, las dudas, los miedos, la angustia. Y la paz que el alma anhela
cada vez que los nervios oprimen el pecho o llenan de acidez el estómago.
Entonces sabemos que las cosas no fluyen siempre en la dirección que deseamos,
tal vez siguen otros caminos y no sabemos bien dónde irán a dar tantos de esos
sueños.
Dicen que a madurar se aprende sufriendo y enfrentando las cosas
con valentía. No dejemos de decir lo que pensamos. No callemos para evitar
conflictos. Tratemos de abrazar la verdad con amor en cada
momento.
Dicen
que el mar no se calma a base de rezos. Y que un día que parece más largo dura
lo mismo que el resto de los días. La percepción de las cosas no altera en
nada lo que estas son. Y si algo nos parece que es una
desgracia mejor esperemos a ver lo que sucede más tarde, nadie sabe el final de
todo lo que sucede.
Dicen que la oscuridad hace que las malas noticias sean más
dolorosas. Siempre es mejor esperar a la mañana. Con la luz del sol pesa menos
la amargura. Y las cruces no sé bien cómo, parecen más livianas.
Dicen
que por mucho que gritemos no nos oirán mejor, está comprobado. Solo es
necesario que los demás se callen para escuchar nuestra voz, aunque sea solo un
susurro. Guardemos
silencio para no decir más de lo que debemos y no ser inoportunos.
Guardemos silencio para conservar en lo secreto lo que nos
contaron. Guardemos silencio para que nos hable la voz de Dios, dentro del
alma. Dicen que el que reconoce el mérito de los demás en cualquier éxito es
más feliz que el que no sonríe al ganar su amigo.
Saber mirar a los demás y ver las cosas buenas es mucho mejor que
desconfiar de todos, aunque a veces acertemos. Ser
tolerantes es el bálsamo para los que se sienten condenados. Es la forma de
vivir a Jesús en el corazón y mostrar un rostro diferente de ese Dios que nos
ama.
El valor de la verdad es poderoso. Las personas verdaderas y
auténticas dan vida, dan alegría, con ellas es posible vivir la vida eterna. Amar sin poner
condiciones es un regalo del Altísimo.
Por mucho que limpiemos el cristal de nuestro cuarto la neblina
del cielo no se va tan fácilmente. Permanece, no depende de nuestra mano. Las
cosas no las cambian mis palabras, aunque es cierto que puedo hacerlas más
llevaderas. Pero la realidad es la que es, me guste o me disguste.
Dicen
que escribir una historia es crear una realidad que existe en nuestra cabeza.
Podemos inventarnos finales tristes o podemos hacer que la vida, entrelazada en
palabras, sea por una vez más bella que lo real. ¿De qué nos sirve escribir un
drama si ya la vida puede ser en sí misma dramática?
Reírnos de las cosas no las aleja, no las elimina. Simplemente da
a los momentos mucha alegría.
Dicen que no por caminar con apremio amanecerá más temprano. Y es
cierto, pero si
llegamos antes podremos ver el amanecer a nuestra llegada. Las
olas del mar son las que son y tienen su ritmo. El mismo ritmo que las
emociones dentro de nuestra alma. No es regular. Surgen y mueren y dan vida o
acaban con ella de repente.
No
podemos cambiar el pasado de nadie. El nuestro tampoco. Pero sí podemos
escribir historias nuevas a partir de las desgracias vividas. Podemos inventar
un mundo nuevo, mejor, con más luz y más alegre.
Las cosas que no decimos se pierden en el olvido. Y el recuerdo de
nuestras palabras acompañará siempre la vida de los demás. Por eso no le
tengamos miedo al paso del tiempo que se lleva tanto lo bueno como lo malo.
Es bueno comenzar siempre de nuevo, sobre todo cuando hemos
fracasado y no hemos logrado llegar a donde queríamos.
Carlos Padilla Esteban
Fuente: Aleteia






