La psicoterapeuta Sheila Morataya propone un auxilio espiritual cuando la soledad pesa demasiado
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| Alex_VLC|Shutterstock |
Personalmente,
me llena de esperanza, que en los últimos tres años, la salud mental,
ha sido un tema, al que se le da tanta prioridad, como al de la familia
misma.
El encierro de la pandemia, empujó a muchos, a quizá por primera
vez estar a solas consigo mismo. Efectivamente, muchos nos conocimos más como
personas, gracias a esa soledad impuesta. Leí una frase que dice: lo peor de la
soledad es que trae un cara a cara con uno mismo. Es
verdad.
Hay cientos, miles, millones de personas que no saben como
afrontar las emociones negativas, como el miedo, la ira, los celos o el
desamor; personas que no saben qué hacer cuando se quedan a solas. Lo he
escuchado muchas veces: -no me gusta estar solo -, -le tengo miedo a estar
sola- ; – no sé qué hacer conmigo cuando estoy solo-.
Y es que quedarse a solas es darse
cuenta, de que se puede pensar. Quién no ha aprendido a pensar, a reflexionar,
a conocer sobre su propia naturaleza cuando hay que entrar al
silencio, siempre huirá. Pensar estando a solas, es descubrir que se es
feliz o descubrir que se es miserable. El que no sabe pensar, porque no
sabe estar a solas, no lo sabe.
El año pasado tuve una experiencia inolvidable en la Montaña de Monserrat,
cerca de Barcelona, España. Ahí se encuentra el Monasterio de Monserrat, a
cargo de monjes Benedictinos. Escucharlos cantar, en el momento de la Santa
Misa, me
ayudó a comprobar lo que hace el silencio. La transformación que se produce en
la mente, el corazón y el alma. Esa misma transformación
que se produjo en el gran San Ignacio de Loyola. Este hombre, de profesión soldado,
amante de lo mundano, casi pierde la vida en una guerra. De un momento a otro,
se vio obligado a estar a solas con el mismo como nunca antes lo había hecho.
Confinado en una habitación aprendió a pensar. En esa habitación se vio
forzado a leer para matar las horas, pero también en esa habitación, Dios le
devolvió la salud mental y por lo mismo la paz del corazón y el alma.
Quiero compartir contigo esta oración escrita por el mismo San
Ignacio:
“Oh Cristo Jesús, cuando todo es oscuridad y sentimos nuestra
debilidad e impotencia, danos el sentido de tu presencia, tu amor y tu fuerza.
Ayúdanos a tener una confianza perfecta en tu amor protector y poder
fortalecedor, para que nada nos asuste o inquiete, pues
viviendo cerca de ti, veremos tu mano , tu propósito , tu voluntad a través de
todas las cosas” Amén.
Repite esta oración en momentos de enfermedad, dolor, dolor del corazón
o angustia existencial , para mantener la valentía, entereza y la
paz en medio de los sentimientos negativos producidos siempre por la
mente. Cristo, se llevará todos tus miedos, dolores, cargas y
sentimientos.
Sheila Morataya
Fuente: Aleteia






