17 – Abril. Lunes de la II semana de Pascua
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Evangelio según Juan 3, 1-8
Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede
entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace
del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que
nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no
sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Comentario
El que no nazca de nuevo…
Este pasaje evangélico relata el diálogo de Jesús con
Nicodemo, un magistrado judío, que intuye que Jesús es una persona especial,
dados los signos que hace y las palabras que predica. “Sabemos que has venido
de parte de Dios, como maestro”.
De entrada, Jesús le dice: “te lo aseguro, el que no nazca
de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Algo que en un principio despista a
Nicodemo: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?”. Pero Jesús no se vuelve
atrás y le insiste: “Te lo aseguro el que no nazca de agua y del Espíritu no
puede entrar en el Reino de Dios”.
Bien sabemos que los cristianos, los seguidores de Jesús
tenemos un doble nacimiento, expresados por San Juan en su prólogo. Uno es el
nacimiento “de la voluntad carnal, de la voluntad del varón”, que engendra
nuestra vida humana. Pero hay otro nacimiento que engendra a “los nacidos de
Dios”.
Jesús ha venido a predicar el Reino de Dios, y a él
pertenecen los que dejan que Dios nazca en su corazón. De esta manera, Dios
será el Rey y Señor de sus vidas. Que Jesús traduce por “nacer de agua y de
Espíritu”. Es lo que se realiza en el bautismo, que nos posibilita nacer a ser
hijos de Dios… nos hace nacer a una vida nueva, a una vida donde todo se vive
dejando que Dios Padre dirija la propia vida y donde resalta la fraternidad
entre todos los bautizados, entre todos los nacidos a esta nueva vida.
Fuente: Dominicos






