Tal vez no sea necesario que suba absolutamente toda mi vida a un perfil de Instagram o a TikTok..., ¿verdad? Carlos Padilla orienta sobre cómo actuar
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| Shutterstock/HBRB |
No
tengo muy claro si uso bien las redes sociales o no. Ya no sé si me hacen bien
o me esclavizan. Leía en un artículo:
«La tecnología
tiene el poder de iniciar, construir y mantener una relación, pero también el
de dañarla. Depende del uso que le demos a esa herramienta. Y aquí,
parafraseando al escritor francés Antoine de Saint-Exupéry
quizás vale la pena recordar que lo esencial es invisible a las redes
sociales».
Arola Poch, Entre el ‘Me
gusta’ y la inseguridad: cómo afectan las redes sociales a las relaciones de
pareja
Es cierto, lo esencial es invisible a las redes
sociales. Lo esencial sucede en el corazón de cada persona y no
se ve, no se puede juzgar desde fuera ni interpretar.
Mi verdad habita en lo secreto del corazón. Tal vez por
eso no sea tan necesario que suba todo a mis redes
sociales, que me exponga sin pudor.
No necesito perder horas viendo lo que
los demás suben a las redes sin centrarme en lo que de verdad quiero hacer.
¡Cuánto tiempo pierdo inútilmente!
No necesito tener muchos seguidores y
no quiero que me afecten lo que opinan de mí, lo que
comentan, lo que escriben.
Hay mucho hater por ahí que no me hace bien con sus
comentarios. Pero soy yo el que les da poder sobre mi estado de ánimo a los
demás.
No necesito la aprobación de miles para ser feliz. No me hace
falta el apoyo incondicional de cientos de desconocidos que me siguen a mí
entre muchos y que no son importantes realmente en mi vida.
¿Para qué uso en realidad las redes
sociales?
Surge esta pregunta en mi corazón. ¿Qué busco detrás de lo que
publico? Cada día me miro en el espejo y me pregunto sobre mis verdaderas
intenciones.
¿Soy capaz de desconectarme, de vivir sin
redes, de desaparecer por un tiempo indefinido? Entonces veo el apego que
tengo a
vivir expuesto.
Es
como si lo que no quedara registrado en las redes no hubiera pasado. ¿Qué
imagen de mi vida quiero trasmitir a los que me siguen? ¿Qué fotos subo? ¿Qué
espero que digan, sientan al mirar mi vida, la vida de mi familia y amigos?
Quizás he perdido el pudor y me da igual lo
que sientan o digan. O tal vez vivo esclavo de las reacciones de
muchos a los que no conozco ni amo.
Las redes sociales son una gran herramienta para
la vida. Gracias a ellas logro estar más cerca de personas
que están lejos. Sé cómo se encuentran, lo que hacen, lo que viven.
Pero a veces siento que se da un efecto contrario con los que
están más cerca. Puedo estar enfrascado en mi celular en
comunicación con gente que está lejos, mientras desatiendo y no escucho a los
que están sentados a mi lado.
¡Cuántas veces las relaciones más íntimas sufren por la esclavitud
que puede provocar mi adicción a las redes sociales!
Además los vínculos creados en las redes no son demasiado profundos.
Son flexibles y pueden ser muy laxos. Leía el otro día:
«Las redes
sociales representan una estructura que conecta y desconecta a la vez;
es decir, que existe la misma posibilidad de estar disponible o no como una
elección legítima (Vespucci, 2006). Por lo tanto, el compromiso es algo fluido
y laxo que puede dejar de ser consistente en cualquier momento, ya que se tiene
la legítima opción de elegir entre estar conectado o no».
Problemas de pareja causados por
las redes sociales en universitarios de la Ciudad de México. Cristina Lozano
Marroquín, Sofía Antón Espinosa, Valentina Escamilla Mora y Miriam Wendolyn
Barajas Márquez
Puedo estar o no estar. Conectarme o desaparecer. Y mis vínculos
se convierten en algo más débil:
«En la
sociedad posmoderna, los jóvenes hablan de «conexiones» en lugar de
«relaciones», conversan más acerca de «redes» que de «parejas».
Esto se debe a que las redes
sociales entrañan una falta de compromiso en virtud de que conectan a las
personas tan fácilmente que es también fácil desconectarse, en
contraste con el compromiso mutuo que implican las relaciones de pareja cara a
cara».
Son vínculos muy débiles que se pueden romper
con facilidad. Hay menos compromiso, menos carga emocional.
Todo comienza muy rápido y de forma
intensa. Pero de la misma forma puede desaparecer.
Autenticidad
Creo en el poder de las redes sociales. Puedo aprender mucho y de
forma muy fácil y cómoda. Puedo estar en conexión con muchas
personas que viven lejos.
Puedo compartir mi vida con personas a las que amo y están lejos.
Todo eso es un bien inmenso, un don.
No regreso al pasado, no me escapo de la realidad que vivo. Pero
quiero hacerlo bien, con libertad, con
compromiso.
Quiero
ser veraz y auténtico en
todo lo que publico. Quiero entablar relaciones sanas a
través de las redes.
No quiero desatender a los que están
más cerca, con los que comparto mi día, a los que miro cara a cara.
No quiero perder mi tiempo dejando
pasar imágenes constantemente. No quiero llenarme de lo que no me llena el
corazón, sólo los sentidos.
No quiero perder la vida en cosas superficiales que
no me forman, no le dan un sentido a mi vida.
Las redes sociales no son ni malas ni buenas. Como la mayoría de
los avances de la humanidad todo depende del uso personal
que les doy.
Quiero que me ayuden a crecer en mis relaciones personales. Quiero
reflexionar sobre el papel que cumplen en mi vida. Que todo lo que publique
hable de mi verdad, de mi vida como es.
Quiero darle un sí a esta forma de
vivir conectado, pero sin desconectarme nunca de los que están a mi lado.
Carlos Padilla Esteban
Fuente: Aleteia






