Cuando perdemos la salud, la primera pregunta que puede asomarse es ¿por qué a mí? Sin embargo, podemos transformar esa realidad para nuestra salvación
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Un drama cotidiano para las
personas que pierden su salud es el de enfrentarse a la realidad de no poder
trabajar ni realizar sus actividades como acostumbraban, no importa la edad que
tengan. Pero si a gente joven o niños se refiere el tema, cambia
completamente la manera de ver las cosas.
1. APROVECHEMOS ESTA OPORTUNIDAD
PARA PEDIR POR OTROS
Sin embargo, la enfermedad puede
tener un viso amable, si de esa manera podemos llamarle, porque para los
cristianos, representa una oportunidad para santificarse. El ejemplo lo tenemos
en todos los jóvenes que han muerto en olor de santidad sin renegar de su
estado, porque tuvieron en común que unieron sus sufrimientos a los de Cristo
en la cruz.
Y tenemos a la mano casos muy
recientes, como Carlo Acutis, Chiara Badano, Gianluca Firetti, Montse Grases,
Alexia González Barros, beatos, venerables o en proceso de canonización,
quienes dieron ejemplo del sufrimiento humano debido a la enfermedad (todos
murieron de cáncer), sin dejar de dar ejemplo de paz y sentido de la vida
eterna, al ver cumplida la voluntad de Dios en ellos mismos, con un propósito
expreso.
Es lo que ocurrió con Laura
Vicuña, quien ofreció su vida a Dios por la conversión de su madre; el Señor le
tomó la palabra, muriendo de tuberculosis con tan solo 13 años, pero feliz
porque su mamá decidió cambiar de vida.
2. LA ENFERMEDAD ES UN CAMINO AL
CIELO
Como podemos darnos cuenta, la
enfermedad no es una desgracia, es la oportunidad que Dios da a quien desea
alcanzar un propósito: la conversión de los pecadores, la santidad de los
sacerdotes, el éxito de los misioneros, la resolución de algún problema, y, al
mismo tiempo, Dios toma en cuenta la generosidad del sufriente y va haciendo su
obra de santificación en ella. Para Dios, no hay desperdicio en las
muestras de desapego personal.
Por ello, cuando la enfermedad
nos alcance, demos gracias a Dios, pidámosle que nos ayude a sobrellevarla con
paciencia y amor, y ofrezcamos nuestros sufrimientos para que los tome en
cuenta. Tomemos de la mano a María Santísima, ella, que vio sufrir y morir
a su Hijo de manera tan cruel, nos entiende y arropa para que la crudeza del
dolor alcance valor sobrenatural.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia






