Hemos de estar en la disponibilidad total de todos aquellos
que, en diferentes situaciones, necesitan nuestra ayuda
En esto de la fe –y de las
obras— lo más importante es no parar. No acomodarse. No dar nada por bue no o
definitivo. Y ese es, sin duda, el ejemplo que nos pone la liturgia. Los
tiempos suceden unos a otros y, afortunadamente, no hay tregua. Se terminaba el
Tiempo de Navidad con el domingo del Bautismo del Señor para iniciar ya el lunes
el Tiempo Ordinario. Los acontecimientos de la vida de Jesús siguen rápidos
ante nuestra retina en la celebración de la eucaristía diaria. Cada uno de esos
momentos nos narra el camino de hacer el bien y sanar a los enfermos y
oprimidos. En realidad, nosotros, seguidores del Maestro de Nazaret, deberíamos
no dejar de hacer el bien ni por un momento, y emplearnos a fondo para ayudar a
los enfermos y a los más pobres. Una vez que hagamos hecho eso –todos los
días—podremos continuar con otras cosas.






