Repetidamente, hemos escuchado esta expresión dentro del lenguaje piadoso de la oración y de la reflexión teológica: María, Esposa del Espíritu Santo. La palabra «Esposa» hace alusión a la relación íntimamente estrecha que hay entre ella y el Espíritu
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El Espíritu se hace esposo de la
bienaventurada Virgen María al morar permanentemente en su alma. Hace de ella,
como criatura, una sublime obra del Espíritu. No solo nos revela su
presencia, sino que nos da testimonio de lo que Él puede llegar a hacer en los
hombres.
Esta íntima unión esponsal es la
muestra más clara de lo que consiste el verdadero amor, purificador y
receptivo. El momento puntual en el cual se evidencia esta relación espiritual
es en la anunciación, donde gracias a la receptividad de la fe, María, al
recibir el Espíritu, fructifica al concebir en su seno al Hijo de Dios.






