Huyeron
de la guerra civil en Sudán del Sur y viven como refugiados en Uganda. Allí el
descubrimiento del amor de Dios les ha devuelto la esperanza
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Hay heridas de guerra que no provocan sangre pero
causan un dolor mayor. Cada “niño
soldado” guarda en su interior la
memoria de un infierno vivido en primera persona. Son utilizados como fuerza
combatiente, como escudos humanos, como marionetas drogadas y alcoholizadas
para cometer los crímenes más horrendos. No pudieron decir que no
porque nadie les dejó escoger.
En Sudán
del Sur, la guerra civil azota a la
población desde 2013. Desde 2017, este país encabeza la lista del Índice de Estados Fallidos en el mundo. Ocupa ese lugar porque el
descontrol es absoluto, no llegan los alimentos de primera necesidad a sus
habitantes y la violencia crece por momentos.
Dos millones de personas decidieron huir de
su país hacia el sur y ahora viven como refugiados en Uganda. Han perdido a sus
familiares y han renunciado a sus casas y sus tierras, pero quieren seguir con
vida. Uno de ellos es Santos.







