Casarse es un asunto muy serio, sobre todo por el compromiso que se adquiere con la pareja a la que se le jurará amor de por vida, por eso, las amonestaciones son muy importantes
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Para nadie es un misterio que la Iglesia católica es una institución
milenaria que tiene bien asentadas sus bases en los Apóstoles, quienes
recibieron el mandato de Cristo:
«Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,
19).
Los Apóstoles obedecieron puntualmente, por lo que, desde sus inicios,
tuvieron que organizarse para poner orden en su misión evangelizadora, porque
tenían claro que ciertos sacramentos solo podían darse una vez.
Así es que, hacia el año 1300 y ante el creciente número de fieles que
recibían el bautismo, la confirmación y el matrimonio, los párrocos tuvieron
que comenzar a llevar el registro de quienes se acercaban a recibir los
sacramentos en tiempo y forma, incluyendo las defunciones, y de este modo era
la Iglesia la que sabía con exactitud el progreso espiritual de sus feligreses.
Sin embargo, esos libros comenzaron a ser más usuales a partir del siglo XVI,
pues el Concilio de Trento los hizo obligatorios.






