La
historia de la Congregación de las Hermanas Armenias de la Inmaculada
Concepción está marcada por las persecuciones, pero también por una cierta
proximidad con los sucesores de Pedro
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| Antoine Mekary | ALETEIA | I.Media |
“Renacéis
por el amor práctico para los niños y los pobres”, pronuncia el cardenal
Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales. Así termina
su homilía de clausura del 170.º aniversario de esta congregación femenina. Una
celebración tanto más intensa cuanto que esta comunidad ha pasado por momentos
trágicos de sufrimiento. En 1847, en la periferia de lo que fuera
Constantinopla, la capital del Imperio otomano, la congregación se lanza a la
educación de jóvenes mujeres armenias en situación de pobreza. Solamente tres
años después de su creación, empujada por su éxito, la comunidad abre varias
escuelas en el casco antiguo.
Una congregación en el
corazón de un pueblo perseguido






