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21.8.20

DOLOR DE ATRICIÓN, DOLOR DE CONTRICIÓN

El perdón de los pecados es un don gratuito de Dios. Ese perdón supone que uno reconoce su propio pecado y que se duele sinceramente por haber actuado contra Dios

El dolor ante los pecados que uno ha cometido puede ser de dos tipos: imperfecto o perfecto. El dolor imperfecto se llama dolor de atrición. El dolor perfecto se llama dolor de contrición.

La explicación de los mismos fue elaborada a lo largo de los siglos y madurada de modo especial durante el Concilio de Trento.

¿En qué consiste el dolor imperfecto o atrición? Veamos cómo viene explicado en el “Catecismo de la Iglesia Católica”:

“La contrición llamada ‘imperfecta’ (o ‘atrición’) es [...] un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. 

30.11.19

DOLOR DE ATRICIÓN, DOLOR DE CONTRICIÓN

El perdón de los pecados es un don gratuito de Dios. Ese perdón supone que uno reconoce su propio pecado y que se duele sinceramente por haber actuado contra Dios

El dolor ante los pecados que uno ha cometido puede ser de dos tipos: imperfecto o perfecto. El dolor imperfecto se llama dolor de atrición. El dolor perfecto se llama dolor de contrición.

La explicación de los mismos fue elaborada a lo largo de los siglos y madurada de modo especial durante el Concilio de Trento.

¿En qué consiste el dolor imperfecto o atrición? Veamos cómo viene explicado en el “Catecismo de la Iglesia Católica”:

“La contrición llamada ‘imperfecta’ (o ‘atrición’) es [...] un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. 


Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia (cf. Concilio de Trento: DS 1678, 1705)” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1453).
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