Gracias a los obispos «el caos no ha sido mayor, porque han servido de guía para que el pueblo no tome la justicia por su mano: nos han pedido ser valientes, justos y correctos en nuestra lucha, porque el bien siempre vence al mal», afirma Juan
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Estudiantes durante una marcha el pasado lunes, en Managua,
para pedir la dimisión del presidente Ortega.
Foto: REUTERS/Jorge Cabrera
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Él y Auxiliadora son dos jóvenes nicaragüenses que, pacíficamente, se han
alzado contra el Gobierno de Ortega. La Policía los persigue. Y tienen miedo.
Pero son valientes y hablan clandestinamente con Alfa y Omega,
porque «el mundo tiene que saber que nos están matando».
No ha sido
fácil localizarla. Ella no puede estar en el mismo sitio mucho tiempo «por ser
parte de las autodefensas para evitar los saqueos, por salir a las marchas para
denunciar los asesinatos, las desapariciones… solo por eso cualquiera me puede
denunciar y en el mejor de los casos puedo acabar en el Chipote», prisión de
alta seguridad famosa por sus torturas donde iban a parar los narcos, y ahora
los jóvenes que protestan contra el Gobierno de Ortega, «que acaban saliendo de
allí como bultos envueltos en sábanas».






