La prosperidad de los malos ha sido siempre un desafío a la fe de los creyentes. La verdad es que es fácil creer cuando vemos los frutos de nuestra fe
La
prosperidad de los malos ha sido siempre un desafío a la fe de los creyentes.
La verdad es que es fácil creer cuando vemos los frutos de nuestra fe, o sea,
cuando podemos decir: "El Señor es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi
corazón, y soy socorrido; por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias
con mi cántico." (Salmo 28, 7)






