Una crisis no es sinónimo de ruptura sino una oportunidad de crecimiento y de maduración en la relación
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| Nenetus - Shutterstock |
Hablar
de crisis en un matrimonio no suele ser sinónimo de algo agradable, más bien de
todo lo contrario, pero es una realidad con la que conviven las parejas una vez
inician su recorrido de vida en común y van construyendo su proyecto familiar.
Las crisis pueden producirse bien
por factores externos a la pareja, al matrimonio o a la persona, o bien por
factores internos, derivados de causas implícitas a la persona o de la propia
pareja.
El saber de su existencia como un
invitado que llega sin esperar, facilita su gestión y su superación,
entendiendo que una crisis no es sinónimo de ruptura sino una oportunidad de
crecimiento y de maduración en la relación.
Como dice el Papa Francisco “Cada
crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído
del corazón”.
Cuando uno se casa desea que la
vida en común sea un navegar por un mar en calma, si bien cuando uno inicia la
travesía, ésta puede acarrear algunos contratiempos, bien en forma de marejada,
bien en forma de tempestad, bien una lluvia fina, bien una tormenta eléctrica,
etc…






