Obviamente, del
latín, pero ¿qué significan?
Los
orígenes de la veneración de Santiago Apóstol, en el norte de la Península
Ibérica, se hunden en el temprano siglo IX. En el año 813 comienza a correr en
Galicia la leyenda de que el apóstol, habiendo evangelizado España, había sido
enterrado en esas mismas tierras, después de haber sido condenado a muerte y
decapitado en Jerusalén durante el reinado de Herodes Agripa I, cerca del año
44, de acuerdo al libro de los Hechos de los Apóstoles.
Los
restos del apóstol habrían sido transportados por sus seguidores, desde
Jerusalén, de vuelta a España,
donde la devoción por “Sanctus Iacobus” se extendería rápidamente.
Tanto, que “Sanctus Iacobus” –es decir, “San Jacobo”- pasó a ser, en la lengua
cotidiana, “Sanct Iaco”. Esto es, simplemente, Santiago.






