Por segunda vez, el Departamento de Pastoral Penitenciaria de la CEE organizó la semana pasada una peregrinación en la que los reclusos pudieron convivir con los funcionarios
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| Los peregrinos a su llagada a Santiago. Foto: Florencio Roselló |
El pasado sábado, un grupo de 80
presos de una decena de cárceles españolas se pusieron a los pies del apóstol
Santiago, en Compostela, para pedirle su «intercesión ante el Señor Jesús en
esta aventura que estamos a punto de iniciar». Se trataba de los participantes
de la segunda peregrinación compostelana organizada por el Departamento de
Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.
Muchos de ellos, explica su
responsable, Florencio Roselló, están ya en un proceso de reinserción. Pronto
«liquidaremos nuestra condena y nos enfrentaremos a la aventura de tener que
tomar decisiones, de reencontrarnos con la familia, con los amigos», leía una
interna en nombre de todos.
A lo largo de la semana previa,
«hemos compartido experiencias de vida, anhelos e ilusiones». También
inquietudes ante una vida en la calle que «tampoco resulta fácil», por la falta
de recursos y los obstáculos para la integración sociolaboral. «Necesitaremos
de tu ayuda».











