Una gran parte de la cruz
se puede encontrar en la basílica de la Santa Cruz en Jerusalén (Roma). Este
templo justamente se llama así porque fue construido para conservar esta
venerada reliquia de la pasión de Cristo
Santa Elena, madre de
Constantino, la hizo traer en uno de sus viajes a Tierra Santa en el 325 d.C.
La basílica se llama «de Jerusalén» porque la base de su cimiento contiene
tierra consagrada del monte Calvario.
Por lo tanto, en la antigüedad era muy
importante para los peregrinos visitar esta basílica; sentían como si
estuviesen en el mismo Jerusalén.
Socrate Scolastico (nacido
cerca el 380) nos cuenta cómo Elena, después de hacer destruir un templo pagano
que se encontraba encima del sepulcro, se encontró con tres cruces y el titulus
crucis, la tablilla con la acusación contra Jesús.
Para reconocer cuál de
ellas era acercó los leños a una mujer moribunda, que milagrosamente quedó
curada inmediatamente después al contacto de la «verdadera cruz».








