La Pontificia Comisión Bíblica publica un estudio sistemático sobre la visión antropológica de la Escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis
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El documento de la Pontificia Comisión Bíblica aborda la doble dimensión del hombre:
frágil, hecho de polvo, pero animado por el propio aliento divino
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El
jesuita, padre Pietro Bovati, asegura que en el texto sagrado están los
principios para reflexionar sobre las grandes cuestiones contemporáneas.
Padre Pietro Bovati, ¿cómo
nació este documento, que podríamos definir también como una investigación
sobre el hombre, su naturaleza, tal como se presenta en la Biblia?
El
punto de partida es remoto y se remonta también a la pregunta que viene del
Vaticano II, en particular en la Gaudium et spes sobre la relación de la
Iglesia con el mundo, donde se cuestiona precisamente acerca de la sociedad, la
realidad del hombre y se ve emerger esta pregunta fundamental sobre el sentido
de la vida, sobre qué es la historia de los hombres, sobre qué es en realidad
esta criatura de Dios que está hecha a su imagen y tiene un destino -esperemos-
maravilloso. Esta pregunta, que es antigua, ha tomado hoy en día las
dimensiones de un cuestionamiento muy agudo. Son los cuestionamientos sobre el
sentido del origen, sobre cómo actúa el hombre, sobre cuáles son sus valores,
sobre cuál es su destino.
El
Papa ha querido que este tema se aborde precisamente a partir de la Escritura,
que es el fundamento y el alma de toda la reflexión cristiana. En la base,
entonces, hay una pregunta: ¿qué es el hombre? Esta pregunta recorre toda la
Biblia como un itinerario. Se necesita una sabia comprensión para entender
todos los diversos aspectos de la dimensión del hombre, y no para concentrarse solo
en un aspecto en particular. Es necesario dejarse guiar por la Escritura, por
sus textos fundamentales que están en Génesis 1,3; y luego progresivamente la
Biblia, a través de las diversas dimensiones, sapiencial, profética,
evangélica, la Escritura enseña al hombre la verdad acerca del hombre. Esto con
una metodología de teología bíblica que no responde a todas las preguntas, pero
que en cierto sentido da los principios fundamentales para un discernimiento
del sentido del hombre en la historia.
El estudio se divide en
cuatro capítulos en los que se abordan cuatro cuestiones específicas. ¿Podemos
resumir cuáles son?
El
primer capítulo se refiere a la concepción del ser humano como “creado por
Dios”, con dos componentes: el del polvo, es decir, que el hombre está hecho de
polvo y, por tanto, una dimensión de fragilidad y mortalidad inscrita en su
propia constitución. Pero, al mismo tiempo, con una dote espiritual excepcional
que se llama el aliento de Dios. Así que en el documento se desarrolla cómo la
Escritura habla de estos dos aspectos: la fragilidad del hombre, de su
debilidad, de su miedo a morir. Y luego también de su extraordinaria cualidad
de persona semejante a Dios, dotada del aliento de Dios, capaz de profecía, de
sabiduría y de tener dentro de sí mismo un principio de inmortalidad. Este es
el primer capítulo.
Si el primer capítulo
indaga sobre el hombre-criatura, el segundo explora al hombre en relación a la
Creación...
El
Génesis dice que el hombre es puesto en el jardín. Por lo tanto, aquí abordamos
en primer lugar las cuestiones de la nutrición, porque el jardín es el lugar
donde el hombre se nutre. Incluso en los tiempos modernos, la nutrición es una
cuestión antropológica muy importante, tanto por la falta de alimentos como
porque los alimentos de hoy tienen componentes de cada vez mejor calidad. Luego
está el tema del trabajo, porque el hombre es colocado en el jardín para
trabajar. ¿Qué significa eso? ¿Qué valor tiene el trabajo en la historia de los
hombres? Y finalmente, es puesto en contacto con los animales y, por lo tanto,
con todo el cuidado de la Creación, como una dimensión de la responsabilidad
del hombre.
El tercero es uno de los
capítulos que trata de cuestiones relacionadas con temas “sensibles” y
actualmente muy debatidos…
El
tercer capítulo, el más complejo, se refiere a la realidad antropológica
relacional. En particular, Dios ha puesto al hombre en el jardín y lo ha creado
como hombre y como mujer, la relación fundamental de amor que acontece y de la
que nacen los hijos y, por lo tanto, la relación que se establece entre padres
e hijos, luego los hermanos: la relación fraterna. Estas tres dimensiones del
amor -el amor conyugal, el amor paterno y filial, y luego el amor fraterno-
constituyen, en cierto sentido, el designio que Dios quiere para los hombres y
el desafío de la historia para que esto se haga realidad. Es lógico que en este
capítulo haya temas muy importantes como el matrimonio, la sexualidad, pero
también el tema de la guerra, la violencia y el tema de la relación entre
padres e hijos que hoy parece muy problemático. ¿Qué dice la Biblia sobre esto?
Esto me parece una contribución de gran importancia y sin duda muy esperada. Es
también uno de los puntos en los que, cuando se nos pidió que habláramos de
ello, nuestros superiores habían insistido más.
Dios crea al hombre y le
da una dirección, y la Biblia es la historia y el símbolo de esta relación que
es a la vez emocionante y sufrida a lo largo del tiempo. ¿Cómo lo han
analizado?
En
el cuarto capítulo hablamos del hombre que está sujeto a la ley, que tiene un
deber que cumplir, una obediencia que seguir. El documento muestra cómo la
Escritura habla de su fragilidad en su dificultad para obedecer el mandato de
Dios, con las trágicas consecuencias de la desobediencia que se traduce en
aridez, muerte, dolor. ¿Cómo interviene Dios en esta historia? Con su proceso
salvífico, de tal manera de dar a este panorama, a esta parábola de la vida del
hombre, un carácter no negativo sino el triunfo de la gracia, del perdón y de
la salvación. De modo que la historia no sea una historia de miseria humana,
sino la historia de la gloria de Dios en el hombre.
El documento también
responde a temáticas específicas que hoy son de actualidad, pero que no lo eran
en el momento en que se escribió la Biblia. Pienso, por ejemplo, al tema del
género...
Nos
parece que hemos respondido precisamente a lo que la Iglesia nos pide, es
decir, no decir cosas que no son lo que la Biblia nos presenta. Así que
acordamos tratar los temas respetando el nivel de información que tenemos a
partir de la Escritura.
Hay
preguntas que la gente se hace hoy que no encuentran una respuesta inmediata y
precisa en la Escritura, porque las situaciones culturales de los tiempos
antiguos no son las nuestras. Así que formulamos, incluso en estas cuestiones,
algunos principios, como la importancia de la diferencia que se inscribe en la
creación misma, como elemento para comprender el designio de Dios incluso en
relación con cada criatura individual. Esto como un principio que puede ayudar,
quizás, a otras disciplinas teológicas, psicológicas, pastorales a
desarrollarlas entonces de una manera apropiada teniendo en cuenta las
circunstancias, las culturas, las reflexiones que hoy también provienen del
mundo sapiencial. Por tanto, la Biblia ofrece algunos principios, algunas
indicaciones útiles para una reflexión que, sin embargo, se confía también a
otros intérpretes del pensamiento cristiano, como teólogos, moralistas,
pastores, para poder responder más adecuadamente a la pregunta que el hombre
dirige en todo caso a la Iglesia.
Además de estudiar la
Biblia, ¿su trabajo ha sido guiado por el Magisterio de los Papas?
Hemos
tenido en cuenta -como es lógico- toda la tradición cristiana, porque ningún
pensamiento nace de la nada. Al mismo tiempo, hemos querido hacer un trabajo en
cierto modo preliminar, es decir, mostrar lo que la Escritura dice realmente.
Es un trabajo que hasta ahora nunca se había hecho, porque el teólogo suele
citar aquí y allá algún texto que considera útil e importante para su
argumentación. En cambio, nosotros hemos querido hacer un trabajo sistemático,
para ofrecer así un camino de lo que la Biblia dice sobre toda la complejidad
del ser humano. Al ofrecer este camino al teólogo, sugerimos no tomar la
Escritura como un repertorio de afirmaciones aisladas, sino de tener en cuenta
el valor de las afirmaciones individuales en su contexto fundamental, desde la
primera página de la Escritura hasta la última, que es el Apocalipsis. Sin esta
complejidad, sin esta atención a la complejidad de los problemas tal como los
presenta la Biblia, ni siquiera el discurso del Magisterio hubiese sido de
ayuda.
En otras palabras, el
Magisterio de los Papas refiere a la Biblia y la Biblia ilumina el Magisterio…
Es
el círculo hermenéutico: partimos de la conciencia de fe de la Iglesia que
hemos asimilado a través de nuestra educación cristiana, y, sin embargo, al
mismo tiempo invitamos a los mismos pensadores a encontrar una fuente, un
estímulo, una provocación para pensar precisamente a partir de los textos
bíblicos en su calidad, en primer lugar como relato, para luego encontrar una
teología narrativa y luego simbólica. Esto, porque el símbolo puede parecer
menos preciso que el concepto, pero tiene en sí mismo un potencial de sentido
que también puede inspirar nuevos pensamientos y hacer progresar la comprensión
de la fe según lo que Dios nos pide en nuestro tiempo.
¿Podemos decir que en este
tratamiento sistemático encontramos la mayor originalidad del documento?
Creo
que sí, porque no solo hemos tratado de aclarar algunos puntos y quizás dar una
interpretación un poco más madura, más compleja incluso de algunos textos
bíblicos. La originalidad radica en el itinerario, en ofrecer a los teólogos, a
los implicados en la transmisión de la fe, una comprensión del hombre más
compleja, más orgánica, más conforme a nuestra tradición bíblica, sin
sobreponer inmediatamente concepciones que creemos consolidadas, pero que también
pueden ser vistas, a la luz de la Palabra de Dios, como una de las posibles
maneras de entender el misterio de Dios. Hay aspectos que son simplemente
culturales, es decir, que dependen de los momentos históricos en los que se
vive. Pero, ¿cuál es la verdad? ¿Cuál es la verdad del hombre? La Biblia da
algunas indicaciones que deben ser consideradas absolutamente fundamentales
para todos.
Alessandro
De Carolis - Ciudad del Vaticano
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