12.3.22

CANTALAMESSA: PARA PREPARAR UNA HOMILÍA HAY QUE REZAR PRIMERO Y PENSAR DESPUÉS, Y NO AL CONTRARIO

Este viernes tuvo lugar la primera predicación de Cuaresma para la Curia vaticana, que dirigió a sus miembros el cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia desde 1980

Predicación de Cuaresma de 2021. Vatican Media

Este viernes tuvo lugar la primera predicación de Cuaresma para la Curia vaticana, que dirigió a sus miembros el cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia desde 1980.

El Papa no estuvo presente, pues concluye esta noche los ejercicios espirituales que ha hecho esta semana, durante la cual no tuvo agenda.

La temática de las charlas de este año consistirá en "un reexamen del misterio eucarístico" bajo el lema Tomad, comed: esto es mi cuerpo porque la pandemia "nos ha hecho tomar conciencia de la necesidad que tenemos de la Eucaristía y del vacío que crea su carencia" y se está produciendo en la Iglesia, dice, "un renacimiento eucarístico".

La Eucaristía en la historia de la salvación

No hay un lugar específico para la Eucaristía en la historia de la salvación -comenzó asegurando Cantalamessa-, porque "lo ocupa todo", aunque de formas diferentes: "En el Antiguo Testamento como figura, en el Nuevo Testamento como acontecimiento y en el tiempo de la Iglesia como sacramento".

En cuanto a estos dos últimos periodos, y siguiendo a San Agustín, distinguió entre lo sucedido en el Calvario y lo sucedido en el altar: "La Misa renueva el acontecimiento de la cruz celebrándolo (¡no reiterándolo!) y lo celebra renovándolo (¡no sólo recordándolo!)". De esta forma, "gracias al sacramento de la Eucaristía nos convertimos, misteriosamente, en contemporáneos del acontecimiento" de la Cruz.

El capuchino anunció entonces el programa de sus predicaciones de Cuaresma: "Seguiremos de cerca el desarrollo de la Misa en sus tres partes (liturgia de la palabra, liturgia eucarística y comunión), añadiendo al final una reflexión sobre el culto eucarístico fuera de la Misa".

Presencialidad de la Liturgia de la Palabra

Esta primera predicación se centró sobre la Liturgia de la Palabra. "Escuchadas en la liturgia", dijo Cantalamessa, "las lecturas bíblicas adquieren un significado nuevo y más fuerte": "No se pretende tanto conocer mejor la Biblia, como cuando se lee en casa o en una escuela bíblica, cuanto reconocer al que se hace presente en la fracción del pan, iluminar cada vez un aspecto particular del misterio que se está a punto de recibir".

De ahí que al hecho de escuchar las Escrituras durante la misa estén ligadas conversiones decisivas en la historia de la Iglesia. Citó los ejemplos de San Antonio Abad, quien se retiró al desierto y fundó el monacato, y San Francisco de Asís, quien lo vendió todo para dar origen a la orden mendicante a la que pertenece Cantalamessa.

Además, "en la Misa las palabras y los episodios de la Biblia no sólo son narrados, sino revividos; la memoria se convierte en realidad y presencia". Así, desgranó, en la Misa estamos ante la zarza ardiente de Moisés, ante el carbón encendido de Isaías, ante los oráculos de Ezequiel... O aún más: ante la hemorroísa, Zaqueo, el paralítico o Simeón, que tocaron a Jesucristo como lo hacemos nosotros en la Comunión.

Cómo preparar una buena homilía

El predicador pontificio señaló que "la Liturgia de la Palabra es el mejor recurso que tenemos para hacer de cada vez, de la Misa, una celebración nueva y atractiva, evitando así el gran peligro de una repetición monótona que especialmente los jóvenes encuentran aburrida". Para ello "debemos invertir más tiempo y oración en la preparación de la homilía".

Hay dos maneras de prepararla. Una es elegir el tema, confeccionarla  y luego "ponerse de rodillas y pedir a Dios que infunda el Espíritu en las propias palabras". Esto es algo "bueno", pero "no es una forma profética".

La segunda forma, "para ser proféticos", es el camino inverso: "Primero ponernos de rodillas y preguntarle a Dios cuál es la palabra que quiere hacer resonar para su pueblo", y luego prepararla, porque la semilla recibida en oración "contiene lo que la gente necesita escuchar en ese momento".

La unción del Espíritu Santo

El Espíritu Santo está muy presente en la Liturgia de la Palabra, recordó Cantalamessa en la última parte de su meditación, pues "continúa la acción del Resucitado", a quien vemos en los Evangelios abrir las mentes de sus discípulos. Del mismo modo, "en la Liturgia de la Palabra, la acción del Espíritu Santo se ejerce a través de la unción espiritual presente en el que habla y en el oyente".

Esa unción "dada por la presencia del Espíritu" ya la poseemos los cristianos gracias a los sacramentos del bautismo y de la confirmación, que imprimen en el alma "un carácter indeleble, como una marca o sello". La acción del Espíritu no depende de nosotros, pero sí depende de nosotros eliminar los obstáculos que impiden la irradiación" para ponernos "en un estado de entrega a Dios y de resistencia al mundo".

Además del "esfuerzo ascético" preparatorio, necesitamos pues "la fe, la oración, la humilde imploración" de la unción del Espíritu Santo que nos inspirara para comprender las Escrituras leídas y escuchadas.

Fuente: ReL


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