En la cueva de Greccio (Es una pequeña localidad situada en el valle de Rieti,
en Umbría, no muy lejos de Roma ) se encontraban aquella Nochebuena, conforme a
la indicación de san Francisco de Asis, el buey y el asno: «Quisiera
evocar con todo realismo el recuerdo del niño, tal y como nació en Belén, y
todas las penalidades que tuvo que soportar en su niñez. Quisiera ver con mis
ojos corporales cómo yació en un pesebre y durmió sobre el heno, entre un buey
y un asno».
Desde entonces, el buey y el asno forman parte de toda representación del
pesebre. Pero, ¿de dónde proceden en realidad? Como es sabido, los relatos
navideños del Nuevo Testamento no cuentan nada de ellos. Si tratamos de aclarar
esta pregunta, tropezamos con uno hechos importantes para los usos y
tradiciones navideños, y también, incluso, para la piedad navideña y pascual de
la Iglesia en la liturgia y las costumbres populares.
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26.12.20
EL BUEY Y EL ASNO, JUNTO AL PESEBRE
Los rostros del buey y el asno nos miran
esta Navidad y nos hacen una pregunta: ¿Comprendes tú la voz del Señor?
¿Volverás a casa lleno de alegría?
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