Un año más tarde, el monje
describe las liturgias celebradas en las tierras bajo el dominio de los
yihadistas
Ahora el padre
Jacques Mourad se encuentra en Sulymaniya, en el Kurdistán iraquí. Como
sacerdote presta sus servicios también a miles de desplazados cristianos que
llegan desde Qaraqosh, en la Llanura de Nínive, y que huyeron frente al avance
de los yihadistas del llamado Estado Islámico.
Los mismos que
en mayo de este año lo secuestraron en el monasterio de mar Elián y lo
segregaron durante meses para después volver a llevarlo a su ciudad de
Quaryatayn, tras su conquista, en compañía de otros centenares de cristianos
que, como él, habían suscrito con el Estado Islámico el «contrato de
protección».






