Con compasión y
misericordia tenemos que estar en primera línea, curando con amor a las
personas heridas que encontramos
Hace
unos días escribí sobre los valientes hombres católicos que escalaron los muros
de Lisboa para liberar su tierra de la opresión. La verdad es que la mayoría de
nosotros no tendría que ir a la guerra para luchar por la libertad, pero eso no
significa que no podamos luchar en este mundo por lo bueno, lo verdadero y lo
bello de otras maneras.






