La
ternura de Dios, su abrazo infinito, es lo que me salva, me abraza cada vez que
me revisto de su piel, hace fuerte mis fragilidades y fecunda mis palabras
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| JoelValve/Unsplash | CC0 |
Dios
me quiere como soy, en mi verdad, en mi pobreza. Ama mi carne y mi alma. Mis
pasiones y mis miedos. Mis anhelos grandes y mis tentaciones que me vuelven
frágil y vulnerable.
Dios
se conmueve cuando me ve necesitado. Cuando le hago ver que lo necesito.
A
menudo me veo autosuficiente. Como si no necesitara a nadie, ni siquiera a
Dios. No busco la ternura ni la compasión. No me gusta parecer débil ante los
hombres.






