En el libro bíblico del Eclesiastés se lee: “¡Vanidad de vanidades, todo vanidad!”. Algo que se suele decir a quien cuida mucho su apariencia o su belleza
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| El David de Miguel Ángel. Crédito: Commonists / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0) |
Pero hay otros textos de la Biblia y de los santos que no
necesariamente lo ven así.
1. La belleza está en nosotros
San Agustín, Doctor de la Iglesia, en su libro “El libre
albedrío” señala que la belleza está en uno mismo y esto nos permite
apreciarla en el exterior.
“Todo cuanto hay de agradable en los cuerpos y cuanto te cautiva
mediante los sentidos externos, es un efecto de los números, e investigarás
cuál sea su origen, entrarás otra vez dentro de ti mismo y entenderás que todo
esto que llega a tu alma por los sentidos corporales no podrías aprobarlo o
desaprobarlo si no tuvieras dentro de ti mismo ciertas normas de belleza, que
aplicas a todo cuanto en el mundo exterior te parece bello”.






