Hay momentos que son para permanecer como en el frío de la tierra, son como la siembra...
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La Cuaresma se
puede comparar con el tiempo de la siembra, el tiempo en
el que la semilla se siembra en la tierra.
En el
frío de la tierra, en el silencio y en la soledad. En ella, la semilla comienza
su camino hacia una nueva vida.
Así también en nuestra vida hay momentos en los que estamos llamados a
permanecer solos, momentos en los que la tierra se cierra sobre
nosotros y nos deja en la oscuridad.
Son tiempos en los que podemos sucumbir a la desesperación o
abrirnos a la espera, alimentando las pocas esperanzas que nos quedan.
Siempre está la opción de quedarnos toda la vida bajo tierra sin
dar fruto.
Por la impaciencia o la desesperanza hay semillas que se pierden,
semillas que nunca cobrarán vida. Son semillas que no germinan porque no
quieren ser transformadas por el tiempo.






