No se trata de eliminar la tempestad -lo negativo- sino de meternos en la barca con Jesús. Una reveladora reflexión de Luisa Restrepo
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| Aceptar que nuestra realidad completa está formada por el fracaso y la gracia es un primer paso/Shutterstock | Dean Drobot |
La vida del espíritu es dinámica,
es movimiento y siempre quiere crecer. Para no ponerle obstáculos, es
necesario, conforme maduramos humanamente, hacerlo también en el espíritu.
Estos puntos nos podrían dar algunas claves:
1. VIVIR DESDE LO QUE SOY, NO DESDE
LO QUE ME SUCEDE. NO QUEDARNOS EN LOS ACCIDENTES
No escapar de lo que nos sucede,
sino presentarnos al médico tal cual como estamos.
Situarnos en toda nuestra
realidad. Nuestra realidad completa está formada por el fracaso y
la gracia.
Sin embargo, estamos llamados
a redimensionar la realidad desde lo que somos verdaderamente: lo más
real de nosotros mismos es que estamos hechos a imagen de Cristo. La
madurez de la vida cristiana consiste en adecuarnos a esta realidad.










