Responder a esas preguntas no tiene por qué ser un dolor de cabeza
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Sabemos que la vocación es una
«llamada». Pero es muchísimo más. Es un don, es una sorpresa, es una
aventura y una novela de amor. Probablemente, mucho más.
Ante el don, sentimos gratitud
ante lo inmerecido. Por ser sorpresa, asombro ante lo que no esperábamos. Al
ser una aventura, ¡vértigo! Y, como toda novela de amor, queremos decir al
protagonista: «¡Dale, bésala!», «Oye, ¡llámala!», «¡No le dejes ir!», «¿¿Qué
estás haciendo?? ¿No ves que te ama?».
Solo que esta vez… el
protagonista somos nosotros. Pero no tenemos el guion entre manos, la escena se
hace confusa, el director (Dios) parece que se esconde. Acto seguido, nosotros,
sentados en el escenario de la vida, con un montón de preguntas.






