Al ofuscarnos, no podemos pensar bien en lo que decimos ni en cómo lo decimos, y podemos terminar alejando a las personas y no acercándolas a Dios
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¿Te pasó que al
hacer apostolado y hablabas con alguien sobre algún tema de fe, pero esta
persona pensaba exactamente lo contrario? ¡Muy bien! Ese es, justamente, el
principio del apostolado: intentar a acercar a la Iglesia a las personas que
quizás estén un poco alejadas de Dios.
¿Cómo? Como lo
decía San Juan Pablo II: «La fe se propone, no se impone». Sin
embargo, a veces es muy fácil, por un mal entendido celo apostólico, caer en
algunos errores a
la hora de hacer apostolado, dejándonos llevar por respuestas violentas.
Muestras de enojo, gestos de impaciencia o frustración, falta de escucha,
miedos y demás nunca deberían estar presentes.








