Es
necesario repensar la existencia de un partido, independiente de la Iglesia,
que defienda los principios del humanismo cristiano y de la doctrina social.
Hay un vacío
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El exalcalde La Coruña durante la entrevista elpasado lunes en Madrid. Foto: Fandiño |
El que fuera embajador de España ante la Santa
Sede recopila en un libro artículos de los últimos diez años donde aborda,
entras cosas, la relación entre religión y política. «Sin la labor asistencial
y educativa de la Iglesia, el Estado quiebra», afirma
En
sus columnas publicadas en Vida Nueva dedica
un gran espacio a combatir la idea de que la Iglesia es una institución
privilegiada. ¿Por qué sigue triunfando ese mantra?
Se intenta apuntalar en la sociedad una serie de eslóganes para desprestigiar y
arrinconar a la Iglesia. No solo a la institución, sino al hecho religioso. Lo
que he intentado es poner en evidencia lo que son falsedades. Por ejemplo, no
hay concordato, sino unos acuerdos con la Santa Sede, que, además, son algo
normal en la esfera internacional. Ni son anacrónicos ni excepcionales. La
Iglesia no goza de ningún privilegio fiscal, tiene el mismo trato que cualquier
otra entidad no lucrativa. He querido poner en evidencia la mentira y aportar
argumentos para que se hable, porque no hay nada peor que el silencio. El
católico tiene que levantar la voz. Sobre todo, la jerarquía, que, además de
defender los valores morales y éticos, debe dar argumentos y orientar a los
fieles.