En la
vida diaria hay miles de pensamientos que atraviesan nuestra mente. Cuando son
malos, ¿hemos de ver en ellos siempre un pecado?
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| By Leszek Glasner|Shutterstock |
Cada
vez que recitamos el Yo confieso,
nos vienen a la memoria las cuatro formas concretas que puede asumir el pecado:
de pensamiento, de palabra, por obra y por omisión.
Como vemos, el pecado
mental, “de pensamiento”, es nombrado en primer lugar.
En efecto, aunque la
tentación viene con más frecuencia del exterior, el pecado comienza siempre en
el interior de la conciencia, al menos bajo la forma del consentimiento y de la
complicidad.
Si
no expresamos esos malos pensamientos, ¿dónde está el mal?







