Si hubiera visto a cónyuge como alguien que Dios creó especialmente para mí, nunca la habría faltado al respeto tan a menudo como lo hice
Hace muchos
años, Karen y yo estuvimos una al lado del otro frente al altar del Señor,
prometiendo amarnos y honrarnos el uno al otro "hasta que la muerte nos separe". Les aseguro que yo
no tenía ni idea de en qué me estaba metiendo.
Había hecho (y
roto) promesas antes, y debo admitirlo: esos votos eran poco más que las
palabras que tenía que decir si quería casarme. Estaba repitiendo lo que debía
repetir en el altar. Mi mente estaba centrada solo en la parte divertida de la
boda que estaba por venir. El beso y la luna de miel...
No es que
tuviera la intención de tomar mis votos a la ligera. Comprendí que el matrimonio era
algo sagrado y tenía la intención de mantener mi parte del trato. Después de
todo, yo estaba enamorado de Karen hasta lo más profundo.






