La
Pasión de Jesús. El miércoles Jesús no acudió al Templo. Permaneció en Betania
en una vigilia de oración
El miércoles santo Jesús no acudió al Templo. Permaneció en Betania en una vigilia de oración. Todo lo que había de decir, lo ha dicho. La revelación de su identidad es clara. La denuncia del pecado también. Las posiciones de los importantes también están definidas.
Cristo les dice: "Sabéis
que de aquí a dos días será la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para
ser crucificado"(Mt). Hay presciencia en Jesús. Sabe lo que va suceder, sabe
el día y la hora. No le será ahorrado el desconocimiento previo, o la esperanza
de que el dolor va ser menor. Lo sabe todo. Es consciente de que los clavos van
a atravesar su carne, sabe que su cuerpo va ser flagelado, escupido, deshonrado
y, por fin, llegará una muerte cruel. Lo sabe, y no huye, porque esa afrenta va
a ser convertida en un sacrificio en el que Él va a ser sacerdote y víctima. Va
a pedir al Padre el perdón para todos, pero lo va a pedir pagando el precio de
justicia de todos los pecados. Va ser un verdadero sacrificio expiatorio, como
lo simbolizaba el animal que soltaban los sacerdotes que llevaba sobre sí los
pecados del pueblo. Pero ahora no va ser un símbolo, sino una realidad. El peso
de todos nuestros pecados va a caer sobre Él. Jesús va a ser el inocente que
paga por los pecados de aquellos a quienes ama. De esta manera se manifiesta
una misericordia que tiene en cuenta la justicia.







