Del jubileo la buena
costumbre del viernes de la misericordia
Una
niña de 10 años, huésped del Centro Regional S. Alejo – Margarita de Savoya
para ciegos, en Roma, percibe la presencia del papa Francisco, escucha su voz
entre la muchedumbre curiosa y le pide tocar su rostro. El Papa se agacha sin
pensarlo dos veces y ella traza con sus dedos suavemente una imagen mental del
Sucesor de Pedro.






