¿Buscamos certezas? Aquí está la más sólida de todas. Del amor de Dios podemos estar siempre seguros, completamente seguros
Seguramente has tenido
la experiencia de una decepción, un fracaso, una traición, de cuando tal vez
alguien que considerabas un buen amigo o un buen socio te da una puñalada por
la espalda, un ser querido que desaparece cuando más lo necesitas y te deja en
completa soledad, un tiempo prolongado de inestabilidad en tu casa, de un
hermano, un hijo o un amigo que se va, de alguien que no cumplió su palabra y
tú sufriste graves consecuencias, un sueño en el que has invertido mucho y se
te derrumba... Me refiero a la experiencia de haber puesto tus esperanzas en
alguien o en algo y que todo se te venga abajo.
Experimentas una gran decepción. Surgen en la mente todo tipo de preguntas. Te
cuestionas si fuiste tú el culpable. Dudas de todo y de todos. Como Jeremías,
tu también dices: Maldito el hombre que confía en el hombre (Jer
17, 5) y como el salmista: Mejor es confiar en Yahvé, que confiar en el
hombre. (Salmo 118)