¿Buscamos certezas? Aquí está la más sólida de todas. Del amor de Dios podemos estar siempre seguros, completamente seguros
Experimentas una gran decepción. Surgen en la mente todo tipo de preguntas. Te
cuestionas si fuiste tú el culpable. Dudas de todo y de todos. Como Jeremías,
tu también dices: Maldito el hombre que confía en el hombre (Jer
17, 5) y como el salmista: Mejor es confiar en Yahvé, que confiar en el
hombre. (Salmo 118)







