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28.10.21

LA AVENTURA DE LLAMAR HERMANO A QUIEN SE VE DIFERENTE

La comunión entre las personas es un sueño arriesgado, un salto de confianza que lleva a un mundo nuevo

Shutterstock | Rawpixel.com

Si permanezco en soledad me seco. Si me abro a mi hermano se ensancha el corazón.

La comunión me acerca al diferente, me une, me ata. Pero no tiendo a la unidad por naturaleza. Más bien es todo lo contrario. Tiendo a acentuar lo mío, lo propio.

Me miro en mi verdad, descubro mi identidad y opto por ella. Decido que quiero cuidar lo mío, lo propio. Por encima de otros, sin importarme tanto sus inquietudes, sus miedos, sus caminos.

Sé que aceptar la verdad de mi hermano supone dar un salto de confianza. Y no sé hacerlo, porque antes que su bienestar elijo el mío. Antes que su verdad, vence la mía. Antes que su futuro prefiero el mío.

¿Cómo podré renunciar a mí mismo por esa unidad que me perjudica?

30.1.20

¿CÓMO ESTAR SIEMPRE UNIDOS? ENCIENDE ESTE FUEGO

La clave para sanar siempre el alma de los que te encuentras por el camino

Daniel Rocal-(CC BY-NC-ND 2.0)
No sé bien cómo hacer para facilitar la vida a los demás. A veces necesito quedarme quieto, simplemente no hacer nada y callarme. O alejarme en silencio. Otras veces tengo que hablar, decir lo que conviene, exhortar, animar, dar un abrazo. En ocasiones mi sonrisa y mi risa ayudan. En otras son mis lágrimas llenas de emoción las que sanan y acompañan.

No he nacido con un manual de instrucciones bajo el brazo. Y por eso me cuesta más manejar los tiempos y las maneras. Reconocer mis emociones y las de los otros con tacto y delicadeza.

Los vínculos no entienden de razones. Las relaciones no crecen con teorías.

Tal vez no conozco todos los libros que existen. Ni me he leído todos los caminos que hay que recorrer. No me lo sé todo, lo reconozco. Me confundo una y otra vez. Cometo errores de bulto, hiero y hago daño.

19.10.16

EL TESORO DE LA EUCARISTÍA (VI)

Eucaristía unión y solidaridad

¿Cuántos granos de trigo se esconden detrás de ese pan que traemos para que sea consagrado y convertido en el Cuerpo de Jesús? ¿Cuántos sudores y fatigas se esconden detrás de ese pan ya blanco? El que sembró el grano, el que lo regó, lo escardó, lo limpió, lo segó, lo llevó al molino, lo molió, lo volvió a limpiar, lo preparó, lo metió en el horno, lo hizo cocer. ¡Cuántas fatigas, cuántas manos solidarias para hacer posible ese pan que se convertirá en el Cuerpo Sacratísimo de Jesús!

La Eucaristía invoca la unión solidaria de manos que se unen en su esfuerzo para hacer posible ese pan.

¿Cuántos racimos de uvas se esconden detrás de ese poco de vino que acercamos al altar para que sea consagrado y convertido en la Sangre de Jesús? ¿Cuántos sudores y fatigas se esconden detrás de esos racimos de uva que producen vino suave, dulce, oloroso, consistente, espeso? El que injertó la parra, limpió los sarmientos, vendimió, los pisó en el lagar, esperó pacientemente la fermentación, la conversión del mosto en vino, con todo lo que esto supuso. ¡Cuántas fatigas, cuántas manos solidarias, y cuántos pies pisaron esos racimos para hacer posible ese vino que se convertirá en la Sangre Preciosísima de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía!
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