La comunión entre las personas es un sueño arriesgado, un salto de confianza que lleva a un mundo nuevo
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Si permanezco en soledad me seco. Si me abro a mi hermano se ensancha el
corazón.
La
comunión me acerca al diferente, me une, me ata. Pero no tiendo a la
unidad por naturaleza. Más bien es todo lo contrario. Tiendo a acentuar lo mío,
lo propio.
Me miro en mi verdad, descubro mi
identidad y opto por ella. Decido que quiero
cuidar lo mío, lo propio. Por encima de otros, sin importarme tanto
sus inquietudes, sus miedos, sus caminos.
Sé que aceptar la verdad de mi
hermano supone dar un salto de confianza.
Y no sé hacerlo, porque antes que su bienestar elijo el mío. Antes que su
verdad, vence la mía. Antes que su futuro prefiero el mío.
¿Cómo
podré renunciar a mí mismo por esa unidad que me perjudica?







