26.3.22

CANTALAMESSA: «COMPARTIR LO QUE TENEMOS DEBE SER PARTE INTEGRAL DE NUESTRA VIDA EUCARÍSTICA»

La comunión eucarística es siempre comunión con Dios y comunión con los hermanos

El cardenal Cantalamessa consagró su tercera meditación de Cuaresma
a la realidad de la presencia sacramental de Cristo. Foto: Vatican Media.

La tercera meditación de Cuaresma predicada este viernes a la Curia por el cardenal Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, en el Aula Pablo VI del Vaticano, versó sobre la profunda unión que se produce entre Cristo y quien le recibe en la Comunión. 

Dentro de la consideración general sobre la Eucaristía que da motivo a estas charlas cuaresmales, tocaba ahora explicar "el momento que mejor pone de relieve la unidad fundamental de todos los miembros del Pueblo de Dios", porque "la Eucaristía que recibe el obispo o el Papa es exactamente la misma que la Eucaristía que recibe el último de los bautizados".

Siguiendo a San Pablo, recordó que "la comunión eucarística es siempre comunión con Dios y comunión con los hermanos; que hay en ella una dimensión, por así decirlo, vertical y una dimensión horizontal".

La comunión con Cristo

La dimensión vertical consiste en la comunión con Cristo que establece el hecho de recibir su Cuerpo y su Sangre. Al hacerlo, "vivimos de Jesús y para Jesús", porque, "en el plano espiritual, es lo divino quien asimila lo humano a sí mismo". La comunión se convierte, así, en asimilación: "No es sólo la unión de dos cuerpos, de dos mentes, de dos voluntades, sino que es la asimilación del único cuerpo, de la única mente y de la voluntad de Cristo".

Y así como el matrimonio es "símbolo de la unión entre Cristo y la Iglesia", la Eucaristía sería, "por usar una imagen audaz pero verdadera", dijo Cantalamessa, "la consumación del matrimonio entre Cristo y la Iglesia".

Esa relación entre Cristo y el comulgante, que los hace uno, implica que "la carne incorruptible y vivificante del Verbo Encarnado se hace «mía», pero también mi carne, mi humanidad, se convierte en la de Cristo". Entonces, ¿cómo permitir "que mi mirada se detenga en imágenes lascivas, a mi lengua que hable contra mi hermano, a mi cuerpo que no sirva como instrumento de pecado"?

Cantalamessa añadió, a esta consideración moral, una consideración trinitaria, pues "Padre, Hijo y Espíritu Santo son una naturaleza divina única e inseparable, son «una sola cosa»", que recibimos al recibir a Cristo. Y así como "en el momento de la consagración es el Espíritu Santo quien nos da a Jesús... en el momento de la comunión es Cristo quien, al entrar en nosotros, nos da el Espíritu Santo".

La comunión con los demás

En cuanto al aspecto "horizontal" citado al principio de sus palabras, el purpurado capuchino señaló que esta dimensión se basa en que la comunión eucarística es también "con el cuerpo de Cristo que es la Iglesia", esas personas "reunidas por la predicación evangélica, molidas por el ayuno y la penitencia, amasadas en agua en el bautismo y cocinadas por el fuego del Espíritu".

En particular, y según el propio "a Mí me lo hicisteis" que Jesucristo anunció como criterio para el Juicio Final, esa comunión ha de ser con "los pobres, los afligidos y los marginados". Cantalamessa citó un hecho de la vida del filósofo Blaise Pascal, quien cuando, moribundo, no podía ya recibir el Viático porque lo vomitaba, suplicaba sí: "Si no podéis darme la Eucaristía, al menos dejad entrar a un pobre en mi habitación. Si no puedo comulgar con la cabeza, quiero al menos comulgar con su cuerpo".

Por ese motivo, "la preocupación por compartir lo que tenemos con los necesitados, cercanos y lejanos, debe ser parte integral de nuestra vida eucarística", teniendo en cuenta que ese compartir "no es solo dar el propio dinero, sino también el propio tiempo", por ejemplo visitando a quien lo necesita o experimenta la soledad o la marginación.

En cierto modo, concluyó, con una ventaja: "no siempre podemos recibir el cuerpo de Cristo en la Eucaristía e incluso, cuando lo recibimos, dura solo unos minutos, mientras que siempre podemos recibirlo en los pobres. Aquí no hay límites, solo se requiere que lo queramos".

Fuente: ReL


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