El cuerpo participa en la liturgia al mismo nivel que el intelecto y la emotividad. Es difícil imaginar que la Eucaristía, en cuyo centro oímos: "esto es mi cuerpo", pudiera ignorar nuestra corporeidad a lo largo de su celebración
![]() |
| Catherine Leblanc / Godong |
La liturgia de la
Santa Misa nos involucra a todos. Participar en ella no es sólo
asimilar intelectualmente el contenido de las oraciones y lecturas de las
Sagradas Escrituras. Los gestos y las posturas que adoptamos también son
parte importante e indispensable de la liturgia.
La Introducción General dell Misal Romano (IGMR)
en el punto 42 dice:
«Los gestos y posturas corporales, tanto del
sacerdote, del diácono y de los ministros, como del pueblo, deben tender a que
toda la celebración resplandezca por el noble decoro y por la sencillez, a que
se comprenda el significado verdadero y pleno de cada una se sus diversas
partes y a que se favorezca la participación de todos».
El cuerpo participa en la liturgia al mismo nivel que el intelecto
y la emotividad. Si lo pensamos un poco más, llegaremos a la conclusión de
que es lo más lógico. Es difícil imaginar que la Eucaristía, en cuyo
centro oímos: «esto es mi cuerpo», pueda ignorar nuestra corporeidad a lo largo
de su celebración.









