Los libros de la Biblia anteriores al nacimiento de Cristo pueden resultar difíciles de comprender hoy, pero aportan algo valiosísimo a los cristianos
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Si se quiere llegar a ver claro,
hace falta empezar por las tinieblas. Puede parecer paradójico, pero en el
Antiguo Testamento la fórmula no es la de acudir allí donde hay luz, allí donde
cabe distinguir inmediatamente un reflejo del Nuevo Testamento. Hay que acudir
a lo que en principio parecería lo más opuesto.
Porque la luz que hay en el
Antiguo Testamento no es sino una luz naciente. Y si uno está a pleno sol
y tiene los ojos deslumbrados no verá la luz de la aurora.
Cuando uno entra en una cueva
verdaderamente oscura, al principio hace falta quedarse en la oscuridad un poco
de tiempo. Y a continuación las sombras enriquecen la penumbra.








