El tiempo que los cristianos empleamos para preparar los misterios centrales de la fe (Pasión, Muerte y Resurrección), la Cuaresma, es propicio para profundizar en la conversión personal y una ocasión especial para obtener una indulgencia plenaria
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| Imagen referencial. Crédito: Ranyel Palma / Cathopic |
La Iglesia Católica explica en su
Catecismo que la indulgencia consiste en “la remisión ante Dios de la pena
temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa". Esta se
consigue por mediación de la Iglesia cuando "un fiel dispuesto" cumple
"determinadas condiciones".
La Iglesia es la que
"distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de
Cristo y de los santos”, expone el Catecismo.
Estas indulgencias pueden ganarse
para uno mismo o ser aplicadas por el alma de un difunto, pero nunca por
alguien vivo. Se distingue además entre las parciales y las plenarias.






